camacama

Cualquier contemporáneo que observe el comportamiento de los gobernadores de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, y de los ex gobernadores de Nuevo León, Coahuila, Tabasco, Chihuahua, etc., podría llegar a la conclusión que integran una generación de malos gobernadores. Pero esa percepción pudiera ser errónea, o al menos pecaría de conclusión precipitada por no  acudir a otros elementos para su análisis. Uno de ellos es el que estamos inmersos en un proceso de transición política que permite a la ciudadanía y actores políticos acusar abiertamente a sus autoridades. Otro elemento es el perfeccionamiento de la alternancia, que permite desnudar los vicios de las autoridades precedentes. Otro factor de importancia lo conforman instituciones que poco a poco han asumido su rol de instancias revisoras, la Auditoría Superior de la Federación, por ejemplo. En conclusión parcial pudiéramos afirmar que han existido en tiempos recientes y remotos gobernadores corruptos simultáneamente, como lo pudieran comprobar hace solo seis años los de Veracruz, Oaxaca, Coahuila, Chiapas, Tabasco, etc.