CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma
21 de octubre de 2016

Era apenas el sexto mes de la administración duartista, el gesto adusto y la actitud de autosuficiencia del gobernador Javier Duarte de Ochoa reflejaban un intento de impresionar, aún no se acoplaba su personalidad al inmenso poder que en democracias como la nuestra implica ser gobernador de una entidad federativa en México, menos cuando la apreciación popular sobre su persona no crecía. Aparejada a las delicias del halago fácil, del “sí señor cotidiano”, la psicología del represor comenzaba a alterarse frente a quienes mantenían una actitud crítica, molesta para quien había ofrecido el “viene lo mejor” a los veracruzanos; diametralmente opuesta a la de aquellos que no protestaban por ser “ginos”, un vergonzoso calificativo que ahora debe escocer conciencias pero que en su momento fue lucrativa venta de dignidades.

Y pronto, muy pronto Duarte de Ochoa demostró con acciones lo que después sería una de las características más notables de su gobierno: el diez de mayo de 2011 el gobierno detuvo a un destacado periodista de la ciudad capital, frente a su familia, madre, esposa e hijas mientras celebraba el día de la madre en un conocido restaurante. La detención se llevó a cabo con la finalidad de exhibir al comunicador, cámaras prevenidas de exprofeso registraron el momento, uno con el que el titular del gobierno deseaba demostrar su “firmeza de carácter”, que no significaba sino intolerancia hacia la crítica, enviaba así un mensaje premonitorio.

El motivo fue la acusación de una dama; que pasando el tiempo demostraría ser solo un pretexto; fue celada pura que desembocó en exoneración legal, pero el daño estaba hecho y, peor, la intención no consistía solo en una advertencia, iba más allá, pero afortunadamente falló. Una acusación cuyo trámite jurídico consistía en pagar una fianza y salir en libertad desembocó en un drama de vida o muerte.

Tras pagar el importe de una cuantiosa fianza hubo que cubrir una más, al mediodía debía salir del reclusorio. No fue así, sino hasta transcurrida la tarde de ese día en que sus familiares recibían al liberado en condiciones tales que fue trasladado de inmediato a un hospital privado, en punto del colapso, con riesgo de perder la vida. ¿Qué sucedió, de quién partió la orden para tan desproporcionada agresión?

El tiempo que se mantuvo en terapia intensiva relata el grado de la agresión física que sufrió Carlos Jesús Rodríguez, director de gobernantes.com; no se exagera si se asegura que le afectaron calidad de vida. Poco faltó para que se convirtiera en el primero de los periodistas asesinados durante este aciago periodo de gobierno 2010-2016. Tampoco sonaría extraño que esa pudo ser la intención.

En el balance general del país, México está considerado como uno de los más peligrosos en el planeta para ejercer el periodismo; así lo comprueba el número de periodistas asesinados; y en esa evaluación Veracruz es la entidad más peligrosa para quienes se dedican a la tarea de procesar, comentar y publicar información y, según artículo 19 “En 2015 las entidades que más agresiones registraron a nivel nacional fueron Ciudad de México y Veracruz con 67 agresiones, Guerrero con 56 agresiones y Puebla con 36 agresiones”.

En el recuento sexenal, la retrospectiva enseña que ese evento, esa agresión a un periodista hizo las veces de la primera cuenta de un rosario, porque a continuación se sucedieron muchas más. 18 Periodistas muertos no son pocos, es cifra macabra que de alguna manera debiera servir a quienes se dedican a transmitirle a la sociedad lo que a su interior acontece que la consigna “perro no come perro” debiera traducirse en acciones que unifiquen al gremio en defensa propia: son interlocutores de la sociedad con el gobierno; la sociedad los necesita, el gobierno también.

Tras de aquella agresión, devino una serie de acontecimientos violentos en la entidad, tan incontables que demuestran un gobierno impotente para combatir a la delincuencia; en esa lógica, el 1 de julio de 2015, en Poza Rica, el Poder se mostraba benévolo con los tunde teclas al advertirles que se portaran bien “No hay que confundir  la libertad de expresión  con representar la expresión de los delincuentes”, “vienen tiempos difíciles” se va a “sacudir el árbol y caerán muchas manzanas podridas”, tal decía Javier Duarte de Ochoa, a quien alcanzó la sacudida del árbol y ahora es prófugo de la justicia porque confundió gobernar con enriquecimiento ilícito, porque prefirió desviar dinero público en vez de dedicarse a servir a los veracruzanos.

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