Opinión
Por David Quitano
15 de octubre de 2016

Cuando hablo de libertad me refiero a la libertad una nueva vida y para realizar las cosas que hacen que valga la pena vivir.

Angus Deaton(Premio Nobel de Economía)

No hay política económica sino hay cambio de parámetros, de realidades, de estructuras y de equilibrios políticos. A cada época le ha correspondido una realidad subyacente. La de nosotros ya no versa en la inmovilidad.

Los acontecimientos sociales de la última semana han esparcido una bruma que a la mayoría de la población nos indigna y asombra. El aparato regulador y la fuerza del Estado mexicano avanza sobre la vereda de la pleitesía arcaica con respecto al interés general.

La nula certeza sobre al futuro de la cosa pública en Veracruz, es un faro que no deja observar con claridad, las posibilidades técnicas de un mejor espacio de convivencia.

La ola de violencia, de congestión vial y el temor respecto a un cambio de ruta, en este campo estéril, solo está generando un sabotaje del desarrollo al cubrirse bajo propósitos de psudoideologías trasnochadas.

El binomio conformado por una oposición beligerante y un gobierno sordo, formaron un fatalismo que ha llegado a permear en las libertades reales de los individuos, impactando en la contracción del consumo y de la generación de riqueza.

Es penoso, cuando dicho aplomo es condición necesaria para la actividad plena del hombre, y requisito para todo aquello que creemos. El desequilibrio entre el campo y el sector urbano, y el desequilibrio entre el desarrollo social y desarrollo económico se hermanan, tienen causas similares y origen común.

El sueño no fecunda, las uniones sociales como consecuencia fallecen. El desánimo triunfa y la realidad social se complica. Entonces, se presenta la posibilidad de hacer caso omiso a los redentores y continuar barajeando los días.

Porque si hacemos lo que debemos no hay razones para el pesimismo. En sí, de forma directa o indirecta todo lo que sucede es producto de todos. Por tanto, hay muchas posibilidades para que el capital individual, lejos de ser medio de ostentación, cumpla su función de crear.

Para que con optimismo lejos de perversas condiciones, hagamos lo que tenemos que hacer, sabiendo que el futuro responderá a nuestros esfuerzos, y en el radio de los aconteceres se avanzará. Para ello, correspondemos estar guiados por la esperanza y alejados de la desesperación. Imperativo difícil en una sintaxis social llena de rapidez y escasa solidaridad.  

Simplemente las transformaciones no son slogans, sino que son la base más sólida para el verdadero cambio, las nomenclaturas partidistas sin fortaleza social son espadas al aire.

Serán días de mucha intensidad, pero no se puede alcanzar lo mejor, si no se vive para ello en todos los aconteceres. Es aquí donde coincido con Lucina Jiménez: Un niño con miedo en la escuela no aprende. Una persona carente de toda forma de expresión vive en el enojo o en la indiferencia. No solo la pobreza o la falta de empleo deterioran la calidad de vida. La homofobia mata, la discriminación empobrece la vida de quien la ejerce y de quien la padece.

Y si continuamos así, ¿Cómo esperamos “vivir”?