Por lo que hasta ahora se ha podido observar, en materia de corrupción no existe diferencia alguna entre políticos surgidos del PRI, del PAN o del PRD si nos atenemos a que alcalde y gobernadores emanados de sus filas han incurrido en actos de corrupción. Obviamente, el caso más señalado es el de los priistas, porque son más numerosos y han gobernado durante más tiempo este país, pero de ninguna manera excluye a los de los otros partidos. Si la corrupción es un problema originado en nuestra cultura, como opina Peña Nieto, o es de carácter estructural, ya resulta irrelevante comprobarlo, porque lo único que importa es la implementación de estrategias para combatirla, acompañando en ese esfuerzo la lucha aparejada contra la impunidad.