El castigo social es sin duda uno de los elementos más importantes para disuadir a quienes gane la tentación por enriquecerse de manera súbita gracias a un desempeño público.  El señalamiento de la sociedad es vitriólico, ese fenómeno funciona a la perfección en países de avanzada democracia, con población bien enterada y participativa. Lo podemos comprobar en estos días con lo que ocurre al ex gobernador Duarte de Ochoa y su familia, ahora que transitan por la pesadilla de la persecución policiaca, como lo experimentó la cuñada de Duarte de Ochoa en el aeropuerto de Minatitlán, donde fue objeto de una revisión de sus documentos migratorios.