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Julio Hernández López.
Por Julio Hernández López
Columna Astillero (Fragmento)
La Jornada

Jóvenes veracruzanos (y de todo el país)

Día tras día se agrava el infierno en que ha sido convertido Veracruz. Un gobernador aparentemente condenado a la guillotina política es incapaz de poner un mínimo de orden en una estructura policiaca y de seguridad pública que está peor que nunca en esa entidad. El hallazgo de bolsas con los restos de tres jóvenes que habían sido secuestrados ocho días atrás ha potenciado la desesperación de los veracruzanos. Génesis Deyanira Urrutia Ramírez, Octavio García Baruch y Leobardo Arano son los nombres de quienes ya están oficialmente en la lista de muertos. De Alan Arroyo Prado aún no se conocía su destino a la hora de redactar la presente columna.

Lo que sucede en aquel lugar donde aún funge, y finge, como gobernante Javier Duarte de Ochoa es una estampa de la colección mexicana del horror social. En todo el país hay constantes reportes de niños y jóvenes desaparecidos, de gestiones desesperadas de familiares y padres ante autoridades encallecidas en cuanto a desatender los ruegos ciudadanos y de políticos de alto nivel especializados en pronunciar discursos optimistas y estadísticas a conveniencia.