Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
21 de octubre de 2016

Ahora se sabe que Javier Duarte, junto con Karime Macías, era el jefe de la banda. Ahora se sabe, a pesar de que con muchos años de anticipación lo estuvimos diciendo. Era más que evidente el saqueo, eso sí, nunca imaginamos que el saqueo fuera de tal magnitud.

Javier Duarte fue un tipo enfermo que tuvo la oportunidad de gobernar un estado. Ya había sido secretario de Finanzas, desde ahí aprendió a robar para su jefe Fidel Herrera Beltrán, pero apenas tuvo el poder absoluto en sus manos quiso superar al maestro en el arte de la ratería.

No le costó mucho convencer a sus amigos de la juventud, no le costó mucho convencer a su hermano; menos le costó convencer a su suegro, Tony Macías, quien ya había conocido la cárcel por fraude; no le costó trabajo convencer a Karime, su esposa, pues ella también estaba ávida de lujos y dinero (ese anillo de 200 mil dólares no tuvo madre); no le costó mucho convencer a sus colaboradores, muchos de ellos ya eran delincuentes de siete suelas y lo siguen siendo. A todos estos miembros de la banda duartista se fueron sumando otros que también quisieron aprovechar la bonanza mal habida: la hermana y sobrinas de Karime, la madre de Karime. Poco a poco la banda se fue volviendo un verdadero cártel delincuencial.

Duarte los necesitaba para poder lavar todo el dinero que pudiera. Ya se conoce el método. Compraba propiedades con el dinero público, para después trasladarlo a un precio irrisorio (10 dólares una casa) a sus prestanombres. Pero para saquear el dinero también necesitó de personal especializado, gente muy avezada en los temas fiscales y financieros; esos también están en la mira.

Lo de las empresas fantasma no son invento de Javier Duarte, es un método que se ha usado durante muchos años por parte de las administraciones corruptas para saquear dinero público. Lo hizo Fidel Herrera y lo hizo Javier Duarte. De esa manera pensaban que podían robar sin dejar huella. Con razón Duarte insistía que él no tenía más propiedades que dos casas, una de ellas heredada, dos autos y una cuenta en el banco. Hasta la última entrevista siguió manejando esa versión. Javier Duarte pensaba que lo había hecho todo bien. Se burlaba de los veracruzanos y pensaba que con los 2 mil 500 millones de pesos que había aportado del dinero de los veracruzanos a la campaña de Peña Nieto, con ello tenía vía libre hacia la impunidad.

Pero Duarte se pasó; como dirían en mi barrio “se atascó el marrano”. No tuvo llenadera, robó a manos llenas, se enriqueció y enriqueció a sus amigos y familiares. Sin embargo algo falló. Duarte no es leal y cuando vio que ya le pisaban los talones se lavó las manos y acusó a sus colaboradores de ser quienes se robaron todo el dinero. Aparte sus prestanombres también peligraban y Javier Duarte, en un desplante de deslealtad, pensó en huir y dejarlos a ellos a su suerte.

Eso es lo que finalmente pasó. Al parecer el gobierno federal le dio ventaja para que huyera, después de eso giró orden de aprehensión en su contra. Pero sus cómplices ya están hablando y ante eso la PGR se está dando cuenta de la magnitud del daño, del tamaño descomunal del robo.

Al parecer la PGR está dispuesta a ir contra todos, y esos todos son muchos. Están buscando a Javier Duarte, al único que le debían el beneficio de la ventaja, pero a los otros no les deben nada y van sobre ellos.

De modo que si ya hay orden de aprehensión en contra de Javier, estas órdenes se habrán de repetir para cada uno de sus cómplices. Si Duarte cae en la cárcel, caen todos.

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