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“El fértil suelo de Veracruz es una enorme fosa que no deja de arrojar cuerpos. A una matanza sin resolver, le sigue el hallazgo de tres estudiantes desmembrados o la aparición de media docena de hombres con el tiro de gracia dentro de un vehículo abandonados en una cuneta”, escribe Jacobo García para El País en un reportaje sobre Veracruz, la tierra que arroja cadáveres por doquier; así como lo denunció hace años, en los inicios del gobierno duartista, el sacerdote Alejandro Solalinde. Prosigue Jacobo García: “La naturalidad con la que los medios locales cuentan fallecidos es la misma con la que se enumeran escándalos de corrupción sin que nadie tome medidas para ponerle freno. Ni a uno ni a otro”.