Sin remitente
Por Sabino Cruz V.
14 de octubre de 2016

La noticia de la solicitud de licencia al cargo de gobernador de Javier Duarte de Ochoa, generó reacciones encontradas, siendo la mayoría de ellas de zozobra, indignación y temor por la probabilidad, como el ex secretario de seguridad, Arturo Bermúdez Zurita, que no se le vuelva a ver y que, como los múltiples asesinatos a periodistas y feminicidios, pase a formar parte de un caso más que queda sin resolver.

Expresiones como: “cárcel no licencia; felicidad y festejo hasta verlo en la cárcel; “¿Le expropiaron todo? ¿Devolvió la lana de la nómina de los trabajadores? ¿Lo colgaron de las lonjas hasta quedar sin una gota de todo lo que robo? Si no, no hay nada que celebrar…”; “A la chingada… Cárcel para todos los ladrones…”; “Nada más cuanto (sic) le costo [costó] EL FAUNITO???!!!!! Finca que está en la carretera vieja Fortín al corazón, del que hizo un búnker”; “Que se vaya y deje el $!!”; Buena noticia pero deja un Veracruz sin dinero y con inseguridad. Quien poda [podrá] ayudarnos!!; “Liberado? Pero si todavía falta el juicio legal por todos lo latrocinios que perpetró, él y su camarilla de gánsteres”; “Pide licencia, más no pierde fuero, por tanto aún hay puntos suspensivos. Mi Veracruz querido, NO te duermas”; “Ojalá le hagan pagar hasta el último peso que se robó, el [él] y su equipo”; Pero de que (sic) sirve si mató a un chingo de personas buenas que nada malo le hacían, asimismo se llevó a las Islas Caimanes miles de millones de pesos del país éste hdspm. Asesino, corrupto, narco y ladrón”, son tan solo algunas de las muestras de repudio hacia su persona y la administración que encabezó.

Al escuchar la noticia de separación del cargo la mañana del miércoles 12 del mes y año que corre, el ex gobernador una vez más demostró su incapacidad para estar por encima de las circunstancias, y dio prueba fehaciente de que su designación, y posterior elección, respondió más a intereses camarillescos, que a la votación de “la gran mayoría de los veracruzanos”.

Javier Duarte de Ocho, pasa a formar parte de la exclusiva lista de los “Desterrados” del sistema político mexicano, de la cual forman parte Carlos Jonguitud Barrios, Joaquín Hernández Galicia, Roberto Madrazo Pintado, Elba Esther Gordillo Morales, Mario Villanueva, Tomás Yarrington, Jesús Reyna; Andrés Granier, Roberto Borge,  César Duarte, Roberto Pérez Sánchez. Acusados todos ellos por tener nexos con el crimen organizado, corrupción, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, peculado e incumplimiento del deber legal, desviación de recursos, más lo que se acumule.

Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. Solo un priista vencer a otro priista; sólo quién conoce el cloacal sabe de inmundicias, olores fétidos, abusos del poder, coerción, espionaje, siembra de delitos. Culpable o inocente, la justicia lo determinará, pero para el imaginario local, nacional e internacional, el gobernador defenestrado es responsable de las 34 empresas “fantasmas”, y los 3 mil 300 millones de pesos en contratos; de las casas en Estados Unidos de su secretario de Seguridad; de los 35 mil millones de pesos como deuda pública del Estado.

La “muerte civil” del doctor Duarte de Ochoa estaba echada desde el primer segundo de su toma de posesión. Por resentimiento o por envidia, priistas y ex priistas, de manera intencionada u oculta tramaron la caída del espurio que dañó la imagen del partido que lo encumbró; usurpador que maldice los deseos de un salto generacional en la política veracruzana.

Las postreras palabras que emitió en su mensaje de despedida, ahondan más la lista de los agravios, y confirma la creencia que se tiene de que siempre estuvo ajeno a la realidad del Estado que administró, y que gobernó en la más absoluta ignorancia de las verdaderas necesidades de la gente.   Cualquier cosa se le cree menos que declare el amor a la tierra de sus padres; que haya defendido el principio de que la Ley “debe aplicarse sin distingo alguno, sea quien sea y caiga quien caiga”; sin embargo, lo más lamentable de todo esto, es que siga sosteniendo la tesis de que hay una campaña de desprestigio “derivada de imputaciones falsas y con fines electorales”.

Deslindarse de responsabilidades, es una actitud que no honra la envestidura que por más de cinco años ostentó. Al igual que el coordinador del PRI en el Senado de la República, Emilio Gamboa Patrón, exhortamos a Javier Duarte de Ochoa a “dar la cara y defenderse”, que enfrente y se defienda de las acusaciones que se le imputan, y a que no salga del país, que se quede.

Comentario Breve

El pasado lunes 10 del mes que corre, el buen amigo Vicente Escalante Macario, miembro distinguido de la Organización Alianza Generacional, me invitó a participar con una ponencia en el Foro sobre Cultura. Entre otras ideas expuse que el cambio de siglas y colores en el gobierno de Veracruz, no solo significa la llegada de nombres con rostros nuevos, estilos personales de gobernar, ideas mesiánicas para resolver añejos problemas, sino también la oportunidad para que el otro/los otros analicen sobre lo que nunca se hizo, se dejó de hacer o se hizo mal.

Reflexionar sobre el sentido e importancia de dotar de recursos humanos, financieros o estructurales; promover acciones para fomentar el desarrollo de los signos de identidad, tanto de los pueblos originales, como de los otros grupos sociales, es una deuda que desde hace varios años empezó a acumularse; bien porque el cargo de director del IVEC se toma como “premio de consolación”, trampolín político, caja chica para el financiamiento de campañas, agencia de empleo, por recomendación de la “Primera dama”, o por discriminación de la pluriculturalidad de Veracruz.

Políticos, intelectuales, literatos e improvisados como Rafael Arias, Sergio Villasana, Leticia Perlasca, Marcelo Ramírez, Esther Hernández, Félix Báez-Jorge, Alejandro Mariano, Rodolfo Mendoza, preocupados más por atender los caprichos del príncipe, o por privilegiar su especialidad, dejaron en el abandono las otras manifestaciones subjetivadas.