Tal Cual
Por Alberto Loret de Mola
20 de octubre de 2016

 

La habitación luce a media luz. Tan sólo resplandece una lámpara tipo Tiffany  de escritorio sobre la mesa de lo que algún día fue comedor. Las cortinas cerradas. El olor a pizza de jamón y peperoni, con extra queso, hace más aguda la percepción de decadencia y fracaso. Los sillones otrora lujosos, ahora están llenos de ropa, de maletines llenos de papeles, de sobres con dinero, de bolsas Carolina Herrera, de periódicos amontonados.

Te lo dije Javi, te lo dije imbécil. La mujer sostiene un celular apagado en una mano y la foto de su padre en la otra. Le reclama directamente a su marido quien está más ocupado chillándole al carísimo abogado que ya quiere su amparo. El “lic” como le dice amistosamente, le recuerda que son muchas las causas y que si bien puede sacar un amparo por el delito número uno, tiene diez causas más en proceso. Revisan el código penal tratando de encontrar alguna salida.

Me dijiste que armara todo para tu salida –comenta el defensor- pero te sacaron antes de tiempo, Javi. Ahora viene lo complicado. Pero no te preocupes, todo va a salir bien. La mujer no le cree y le dice a quien era todopoderoso horas antes: te lo dije y te lo repito, este tinterillo no sirve; nos están atacando por todos lados. A mí me vale madre que te encarcelen –continuó- pero embarraste a mi familia, a mi papá, papitooo, y si algo le pasa, eso, eso no te lo voy a perdonar. Me dijiste que todo estaba bien, que podía usar la tarjeta de Moisés y ahora me investigan a mí, a mí que he hecho todo por ti. Te he perdonado todo, continúa sin tomar aire para comenzar la retahíla de recriminaciones: mira a tus hijos, están verdes, no pueden salir a jugar, están perdiendo clases, no pueden hablar con sus amigos, no pueden ver la tele porque sale tu foto, menos el internet porque sales disfrazado de travesti, de marrano, de payaso maléfico, de alerta Amber, de pokemón, esos bichos que los niños andan cazando. Eres el hazmerreír de México… ¿qué estarán pensando mis amigas, los curas, las familias españolas que tanto nos respetaban, la alta sociedad? Eres un inconsciente, pediste licencia sin tener armada tu defensa, y ahora vamos a acabar todos tras las rejas y tus hijos en una casa hogar porque se van a llevar detenida a toda mi familia… ¡papá, papito, perdón! exclama la mujer antes de romper en llanto mirando la foto de su progenitor.

Todo se va a arreglar, le dice su marido con voz chillona, todo. El presidente sabe que si me meten a la cárcel él caerá conmigo. La mujer lo interrumpe: no digas estupideces, si tuvieras agarrado de los tompiates a Enrique como dices, no estaríamos aquí sin poder salir, sin siquiera poder abrir las cortinas. Da igual que estemos en Canadá o España, en la colonia Roma o Iztapalapa. Es la misma cárcel. Y nos acusan de todo, ¡nos van a llevar! Grita desesperada.

Javi la mira y sigue hablando en voz baja, lastimera, con su abogado: ¿no será que podemos comprar a otro juez? El abogado sudoroso sorbe un trago de whisky mientras se seca las gafas. Javi, vestido con la misma pijama de hace dos días porque en su huida agarró la maleta con la ropa de gordo y si se la pone se le cae, la barba crecida y el pelo grasoso, toma cocas zero una tras otra, compulsivamente. Tras comerse dos paquetes de pingüinos su mujer le increpa poniéndose de pie y caminando hacia él: ¡ya deja de tragar porquerías, al rato vuelves a engordar todo lo que ya bajaste! Te digo una cosa y te lo voy a decir en serio, una vez: pinche gordo asqueroso, o sacas a mi familia, a mí y a mis hijos de este problema o voy a hablar. ¡Te aguanté las golfas, las noches que no llegabas, las corruptelas, los malos humores, las entrega de maletas de dinero a media noche en el cuarto, tu gordura y que a tus espaldas te dijeran marrana hasta tus colaboradores, pero esto Javi, esto no!

A ver, pinche subnormal, continúa la señora ¿dónde está la piruja de Gina para defenderte? ¿Dónde tus asesores para cuidarnos? ¿Dónde está Deantes para resolverte los problemas? ¿Dónde la bola de vividores que se llevaron todo y ahora te dejan con el paquete? ¿Para qué tantos millones si tenemos que tragar pizza corriente y sin Roquefort? Y explícame porque Edgar siguió manejando el dinero de la SEC cuando se fue, qué ¿te tiene agarrado de tus cositas o del corazón? Sacude la cabeza para decirse a sí misma: encima me salió…

Javi la mira y baja la cabeza. El panorama es sombrío: vivir en ese cuarto encerrado con sus hijos y su mujer gritando meses hasta que el abogado encuentre la fórmula mágica que lo saque del problema o el presidente escuche los mensajes amenazantes que le ha dejado a su número privado y se asuste, o saltar al vacío a encontrarse con Francisco Franco. Sólo esas posibilidades son aceptables, porque la cárcel está descartada.