Crónicas Urgentes          
Por Lenin Torres Antonio
05 de octubre de 2016

Hay toda una historia de emigración ilegal hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Las paupérrimas sociedades al sur de los EEUU han visto que pisar su suelo representa una gran oportunidad de ver reducidas sus condiciones de pobreza y marginación. Poco a poco esa capacidad de acogida y grandeza del sueño americano se han venido reduciendo. México compartiendo más de 3000 kilómetros de frontera con los “gringos”  (Green Go), no ha podido evadir ese espejismo, que si bien es cierto, ha hecho realidad que una cantidad significativa de connacionales han hallado en suelo americano progreso y bienestar, particularmente los legalizados; también, y eso es la grave, una cantidad igualmente significativa de connacionales ilegales viven en condiciones precarias de subsistencia. No obstante, el flujo migratorio colapsa la frontera con el vecino país del norte, sigue presente en el inconsciente colectivo “el sueño americano”; aunque sus líderes olviden frecuentemente que los Estados Unidos es un país que se fundó con flujos migratorios, primero de Europa, Asía, y después de latinos. No olvidando la fuerte presencia de la raza afroamericana, que también lucha con su estigma ancestral de esclavitud y sometimiento, que los ha mantenido con toda una historia espiritual contradictoria. Más fácil es desenfundar la pistola y disparar ante un presunto delincuente negro que uno blanco, queda también todo un futuro de reivindicaciones de la raza afroamericana.

Cuando analizamos el debate que ha surgido a partir de la posición xenófoba y sectaria de la tradición migratoria de los Estados Unidos de Norteamérica,  del  candidatos a la presidencia de los EEUU, el republicano Donald Trump, particularmente, la opinión que tiene de nuestro país (México), encontraremos posiciones simplistas y sentimentales, basadas en un nacionalismo trasnochado y un intento de ocultar el fracaso de nuestro Estado Mexicano de crear condiciones materiales para la subsistencia de todos los mexicanos y evitar el flujo migratorio de nuestros connacionales. Y así desviar nuestras miradas de esa precariedad política del México actual. Se esgrime una serie de argumentos variopintos. Hay uno que tiene que ver con el escenario económico de “mutua dependencia entre los Estados Unidos y México”, que para ser realistas no es tal, puesto que nosotros necesitamos más esa relación que los mismos Estados Unidos. Hemos de recordar el caso del petróleo, que hace un corto tiempo pensábamos que nuestro generoso socio comercial dependería de nosotros del suministro del vital combustible, y vimos como esa dependencia en un abrir y cerrar de ojos desapareció, puesto que los Estados Unidos pasó en corto tiempo de ser sólo consumidor a productor del vital combustible fósil, contribuyendo con eso a la inestabilidad de los precios del petróleo, que afecto drásticamente nuestra economía e imposibilitando certeza de crecimiento sostenido, por ser un país mono exportador; ahora pensamos que podemos competir con una de las primeras economías, pero no deja de ser una legítima aspiración en esta sociedad de mercado liberal.

Situarnos en ser proveedores de materias primas que después nos las devuelvan en manufactura y productos industriales, y comerciales, y pensar que ese es nuestro “haz bajo la maga” para presionar y hacer ver que la dependencia de Estados Unidos de México es real es absurdo y tonto, o describir esa “mano de obra esclava” necesaria para que la maquinaria productiva “gringa” funcione, con cuestionamiento vergonzosos, de que quién limpiara los retretes de los estadunidenses, quién recogerá las cosechas de legumbres y frutos, quién se meterá a la cloaca de los sistemas de drenaje, quién hará de albañil de los grandes rascacielos, sino son los emigrantes legales e ilegales mexicanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, etc; es indigno y repugnante.

Trump responde desde un ingenuo nacionalismo ignorante, y los demócratas desde su aparato sofisticado político, donde nos ha hecho incluso simpatizar con la liberadora de la opresión discursiva trumpiana, que seguro quedará en sólo esa liberación. No nos damos cuenta que tanto Trump y Clinton su posición es la misma, cuidar los intereses del imperio, y de la clase mundial dominante. El status quo de los mexicanos no será diferente con el muro y sin él, la diferencia estriba en que Trump es un tosco e ignorante imperialista y Clinton es una sagaz política del Imperio, pero los dos son lo mismo, y los resultados de sus políticas públicas con respeto a la emigración será la misma, sino el actual presidente Obama (demócrata) hubiera hecho lo imposible por llevar a cabo una reforma migratoria que resolviera el problema de miles de connacionales con su status ilegal. Pero no fue así, ahora nos venden a ultranza un mexicanismo, llegando incluso a ofrecer Obama sus pésames por el fallecimiento de nuestra “Juanga”.

Lo terrible es no voltear a las causas reales de esa emigración desesperante por salir de la violencia y de la pobreza de nuestros países sureños, y constatar que los responsables de esa emigración es decadencia de la clase política y la deuda histórica de una política decente que hubiera generado gobiernos y políticas públicas que nos dieran progreso y felicidad; y la malignidad de los testaferros, llamada clase empresarial o iniciativa privada del imperio, quienes han obedecido fielmente los dictados para someter a la esclavitud espiritual a la inmensa mayoría de los habitantes del mundo, y callar con el asesinato a los pocos que se dan cuenta de ese escenario ominoso de nuestra realidad mundial. Por eso viene bien decir “México tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos”, aunque dios no sirva de nada para crearnos otra realidad más justa y alegre.

Hace poco vi como mucha gente se alegraba de que la señora Clinton desbaratara al aprendiz de político Trump, y como había cierta satisfacción al ver en ella a la vengadora de la afrenta imperdonable que nos ha hecho Donald Trump.

La verdad es que Trump sabe que no es lo mejor de nuestros ciudadanos quienes emigran, que la gran mayoría reproducen sus miserias y vicios, sus pobres visiones de la vida y del mundo. Pero su estrategia no es la misma que Clinton para conservar “la grandeza americana”.

Por esa “incompetencia” vemos como líderes y “connotados” republicanos han ofrecido el respaldo a la señora Clinton, y que todos los medios de comunicación le han refrendado su apoyo con el argumento que Trump no está preparado para gobernar, traduciéndolo, no está preparado para mantener la vigencia del imperio opresor, y que sus estrategias son primitivas y poco políticas y diplomáticas, que éste con  facilidad puede apretar el botón rojo de la Tercera Guerra Mundial, y eso no lo van a permitir porque está en juego no la subsistencia de la población mundial ni de los pobres emigrantes sino de la misma clase imperial mundial.

Desvelar lo que está tras ese espejismo clintoniano, es desvelar también nuestra decadencia, y nuestras incapacidades para frenar a “los señores de la guerra civilizados y bien vestidos, con valores morales y religiosos, y decencia”. El mundo está en guerra porque así le conviene a ese Imperio (que no es necesariamente el territorio de los Estados Unidos ni sus sociedades, éstas son víctimas también) Mundial.

Descanse en paz nuestra civilización.