Definitivamente, el periodo de gobierno iniciado en 2004 por Fidel Herrera Beltrán y reiniciado en 2010 por Javier Duarte de Ochoa llega a su ocaso en un escenario más que difícil tomando en cuenta la insatisfacción popular, el enojo ciudadano frente a dos administraciones de gobierno caracterizadas por la corrupción y la inoperancia. Un periodo de gobierno cuyos titulares pertenecen a generaciones diferentes, aunque no precisamente significa un relevo generacional con avances substanciales sino una entramada relación en base a complicidades, uno le cubrió al otro sus desarreglos y ahora, superando al maestro, paga las consecuencias llevándose aparte del dinero las esperanzas rotas de todo un pueblo. Asistimos a un drama político donde el ocaso de un régimen se confunde con el ocaso de un gobierno. Ojala renazca la esperanza.