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Ahora que Javier Duarte de Ochoa anuncia que presentará a la legislatura local solicitud de licencia para separarse del cargo de gobernador que el pueblo de Veracruz le confirió en 2010 campea en la sociedad veracruzana la percepción de que esa solicitud llega demasiado tarde, cuando ya no hay nada que remediar porque todo está descompuesto. Quizá en lo único que variarían las circunstancias estriba en quién quedará como gobernador provisional ¿el Secretario de Gobierno, Flavino Ríos, o un personaje que inicie desde ya oficialmente el proceso de la transición. Que, por cierto, aunque John Ackerman, autor del interesante libro “El Mito de la Transición Democrática”, asegura que en Veracruz la transición es un mito, las circunstancias se muestran como sólidos testigos de todo lo contrario porque, para empezar, quizá nada de cuanto ocurre estuviera aconteciendo si el PRI hubiera ganado la elección pues, a pesar de la voluntad de quien fuera su candidato, la voluntad presidencial pudiera habérselo impedido.