Crónicas Urgentes
Por Lenin Torres Antonio
10 de octubre de 2016

Hace un tiempo fui candidato a diputado local por el distrito de Xalapa Urbana, como no tenía la opción de las candidaturas independientes, busqué un partido que me postulara, y así poder participar y proponer una serie de iniciativas legislativas para mejorar la vida de los ciudadanos de Xalapa, por lo que me di a la tarea de elaborar mi propuesta legislativa para presentársela a los votantes de Xalapa Urbana.

Iniciado la campaña electoral comencé mi periplo político con 100 carteles con la leyenda “limpiemos la política”, y 5000 trípticos, pareciera que esa leyenda después de más de una década sería una advertencia de la desconfianza y lo peligroso (por sus consecuencias) en que se convertiría la política y los políticos en Veracruz.

Dos eventos quisieran destacar, más allá de mi fracaso como político, puesto que con una moto, 100 carteles, 5000 trípticos y una propuesta legislativa no se podrían ganar, puesto que me faltaba lo principal, las cuentas de vidrío y la complicidad con los profesionales del poder y el engaño:

Uno, ante la desacostumbrado que en ese entonces teníamos de los debates, solicité que en ese distrito se permitiera un debate; afortunadamente se me fue concedida tal solicitud, y se hizo un debate; pensando desde una lógica mínima que el debate sería una confrontación de ideas y de propuestas, me di a la tarea de presentar mis propuestas e ideas legislativas; al otro día, unísonos “todos los medios de comunicación libres de Veracruz”, principalmente la prensa escrita, destacaron “el ciudadano X (que no era yo) ganó el debate”, pese a que lo que único que se recuerda más vivamente de la candidata del sistema, no eran sus propuestas, sino su saludo oriental al despedirse de cada intervención. Como lo escribí hace algún tiempo en un texto con el título “confesiones desapercibidas”: “Después viene la dialéctica, los posicionamientos tramposos, tendenciosos, que van desde el juicio trivial, [una teibolera más], al juicio intelectual, [misoginia pura y dura], en medio, frases que tratan de ser contundentes y convincentes, la defensa de [la afectada], [eso no entorpece mi labor legislativa social], defensa que se hace acompañar de una confesión desapercibida: [en esa época (2005) no pensaba que me iba a dedicar a la política], suena el 2005 como un tiempo muy pasado (esta declaración fue hecha en el 2006), en esa época era [actriz, artista, creadora, maestra]. Aquí me detendré, en esa confesión que pasó desapercibida, repitámosla: [En esa época no pensaba que me (…) a la política]”. Y esa confesión desapercibida es el reflejo de como el sistema y las estrategias del sistema, y de  la clase dominante emplean para mantenerse en el poder, y reproducir la idea de mundo y sociedad que le permita mantener ese status quo alienante para sostenerse en lo alto de la pirámide de la especie humana. No importa que saquen de la televisión, el deporte, o de la familia a sus candidatos; eso de la militancia o el trabajo de base es simplemente letra estatutaria para registrar un partido. También quiero destacar otra parte del texto, “Descalifiquemos todo el contexto de esa exhibición premeditada y basura de algunos (por no decir [todos]) medios de comunicación, y que a nadie nos sorprenda; es más noticia el asesinato, el soborno, el cuerpo desnudo, etcétera, que la pobreza, la mentira, los problemas que laceran la vida misma de lo social, la urgencia de que la política sea productora de ideas para un mejor vivir juntos.  Quedémonos con esa confesión, que revela algo más duro de admitir y es real, el hecho de que la política se ha vulgarizado, y es improvisación. Que no es productora, en la confrontación racional, de ideas y voluntades. Que es exhibición, simplemente exhibición de gestos, de discursos, de posicionamientos premeditados, de intereses de grupo y  personales”.

Dos, lo primero que me encontré en los ciudadanos que visité para pedirles su voto fue una nula vocación social e ignorancia de lo que representa ejercer el voto; después de mi perorata de las propuestas legislativas la gran mayoría me preguntaba que les había llevado o que les regalaría. Haciendo silencio a un diálogo mínimo que les permitiera tener elementos de juicio para decidir su voto. Las cosas no han cambiado, ahora quizás la coerción no es las cuentas de vidrio pero si un sentimentalismos igualmente peligroso; y esto lo digo por el fenómeno de Morena en Xalapa, la mayoría le voto como una reacción al hartazgo sin la exigencia de respuestas a las soluciones que esos candidatos tendrían de los graves problemas que vive nuestra Capital, y eso también es irresponsable.

Hoy Veracruz se presenta con un escenario lamentable, la política ha fracasado, el estado de derecho está ausente, la sociedad sufre las consecuencias de su falta de entendimiento que la construcción de los espacios públicos y de la política es una corresponsabilidad, y que el voto irresponsable trae consecuencias, pedimos a gritos limpiar, reivindicar y que funcione la política para hacer frente del deterioro de nuestros marcos de convivencia y viabilidad. Y lo peor es que no se sabe qué hacer para volver a transitar por nuestras calles sin miedo, para tener certidumbre que podamos sostener a nuestras familias, para darles certeza de futuro a nuestros jóvenes, y para hacer de Veracruz un referente de civilidad, orgullo y hospitalidad.

Hace un rato platicando con un buen amigo, quien me externaba su preocupación por lo que pasa en Veracruz y lo que se tiene que hacer, le dije, que lo primero que debíamos entender que ese deterioro no sólo es producto de una clase política mala, enferma, y de la improvisación; sino también de una sociedad irresponsable y cómplice, que han aupado al poder, y como a sus representantes a esa clase política que hace mucho tiempo ha dado señas de su decadencia, y falta de inteligencia y visión. Que no pensemos que esa misma clase política resuelva ese estado deplorable y de deterioro de nuestra sociedad; sin que antes entiendan que tienen que anular sus pasiones y vorágines de poder, que tienen que enterrar sus herencias malditas del poder, que dejen su retórica malsana por un diálogo franco y serio, que hagan de la política el instrumento para resolver el dolor que viven nuestros pueblos. Y que sólo convocando a todos por igual al rescate de Veracruz, y ciudadanizando la política con estrategias que involucren a todos los veracruzanos en la gobernanza, podríamos realmente cambiar el destino de nuestro Estado.

Dos son los problemas más grave que vive Veracruz, la inseguridad y la pobreza, para el primero, la vía institucional de militarizar nuestras calles, coartar nuestras libertades, armar a los ciudadanos, meter a la cárcel a los culpables, convertir a cualquier ciudadano en chivo expiatorio con programas obsoletos de prevención del delito, en no es más que retórica, el problema es multifactorial, y como tal debe tratarse; para lo segundo, no hay más que crear fuentes de empleo y combatir la precariedad laboral, hay que castigar al delincuente de cuello blanco, hay que crear un sistema económico democrático, y un sistema de libre mercado regulado por el Estado para que no cree un mundo donde surja unos pocos Slim y millones de pobres extremos. Veracruz espero esos tiempos, y no tiene margen de error ni tiempo. Es hoy, tomemos la palabra todos, y vayamos a la acción, ni un pobre extremo ni un asesinato más.