Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez 
14 de noviembre de 2016

*Aquel Pánuco del “negro” Silva
*Liberado sacerdote plagiado

NO ES la primera vez que por indolencia, corrupción e impunidad de un alcalde, la población se rebela y asume actitudes reprobables como la quema de un Palacio Municipal o, incluso, la lujosa residencia del propio munícipe enclavada en medio de la pobreza de sus habitantes. En Veracruz se han registrados infinidad de casos, y ya sea por las causas mencionadas o abuso de poder, la sociedad asume la justicia por mano propia, como ocurre en la trama de aquella célebre novela de Lope de Vega: “Fuente Ovejuna” publicada en 1618, misma que sugiere a un protagonista colectivo: los habitantes del pueblo de “Fuente Ovejuna” como asesinos del Comendador Mayor de Calatrava: Hernán Pérez de Guzmán, por agravios acumulados, opresión y abuso contra los gobernados.

DE ESA manera, la sociedad tomó como apellido común el nombre del pueblo: “Fuente Ovejuna”, y se declararon culpables e inocentes. Y como era poco probable que las autoridades encarcelaran a todos por el asesinato del represivo, corrupto y abusador comendador, tuvieron que declarar inocente a Fuenteovejuna, por lo que a través del tiempo se ha repetido esa historia que muestra cómo los gobernantes se transforman en el ejercicio del poder, en muchos casos, hasta que la sociedad se hace justicia.

CATEMACO ES, tal vez, el hecho más reciente, y como bien dice el Clero católico, no ha sido la desaparición del sacerdote Jorge Luis Sánchez Ruiz, párroco de la iglesia “Los 12 Apóstoles” lo que provocó que el pueblo incendiara el Palacio Municipal, como parte de sus acciones de presión para que las autoridades dieran con su paradero (y por fortuna fue liberado vivo por sus secuestradores). No, el pueblo ya estaba harto de los abusos perpetrados por el alcalde Jorge González Azamar que se ha erigido en un desalmado cacique en esa región, inicialmente con el padrinazgo de Jorge Uscanga Escobar, un personaje patrañero posteriormente traicionado por el mismo “ahijado” tal como se lo enseñó en el ejercicio del poder.

LO SOSPECHOSO es que González Azamar estaba a punto de ser auditado por el Órgano de Fiscalización Superior del Estado, debido a presunto faltante en la cuenta pública, y de pronto surge este conflicto en donde los habitantes utilizaron computadoras, documentos y muebles de la oficina del Registro Civil, la Tesorería y el DIF Municipal, para realizar una gran fogata frente al Palacio Municipal, y minutos después, como si desearan borrar otros indicios, incendiaron las oficinas ubicadas en uno de los costados del inmueble. El fuego consumió infinidad de documentos oficiales, información contenida en la memoria de las computadoras y, de paso, quemaron patrullas pero, caso curioso, un grupo se trasladó a la estación de Bomberos para rodear el inmueble, tomar las unidades y evitar que se trasladaran al lugar para sofocar la conflagración como dando tiempo a que todo se consumiera. Parecía una acción programada y no un hecho fortuito.

Y COMO para darle más emoción y credibilidad a los sucesos, horas antes del incendio a Palacio, un grupo de encapuchados saquearon y causaron destrozos a la casa del alcalde Jorge González, así como las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad. En suma, nunca se había visto tanta coordinación en acontecimientos como estos.

SE SABE que hace poco, el sacerdote liberado con severas huellas de tortura participó en una manifestación en contra de los altos cobros de la CFE, y continuamente apoyaba a los pobladores en sus causas sociales, a tal grado que en las homilías dominicales había denunciado la ola de violencia que se vive en la región propiciada por la negligencia y, en muchas ocasiones, por la propia policía del municipio bajo las órdenes del munícipe bajo sospecha. La alta feligresía estaba enterada de las amenazas que había recibido el prelado por ello, y así lo hizo saber. Catemaco es tierra de nadie, solía decir el cura desaparecido, en tanto Jorge González amasa fuerte fortuna.

DE HECHO, el vicario y vocero de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, José Luis Martínez, dejó en claro que, horas antes de los hechos, convencieron a los feligreses que habían tomado la carretera federal que conecta a Catemaco con el resto del Estado para que la liberaran a fin de no provocar disturbios, y la sociedad hizo caso, por lo tanto, la quema del Palacio nada tiene que ver con la desaparición del sacerdote liberado, finalmente, sino que obedece a otras circunstancias a las que son ajenos.

COMO FUERA, aún se recuerda cuando en el domingo 20 de Marzo de 1993, una turba enfurecida quemó el Palacio Municipal de Pánuco, siendo alcalde Manuel Silva Villanueva. De acuerdo a la versión oficial, un policía municipal habría asesinado al obrero Jaime Sánchez Pérez, trabajador del ingenio de ese lugar, por lo que militantes del Partido Popular Socialista (PPS) se manifestaron en las calles quemando una tienda y un cine propiedad del munícipe, así como el Palacio. Fue, entonces, que la legislatura nombró un consejo municipal que presidió José Luis Gracia Sánchez, y posteriormente saldría el rumor de que el inmueble de Gobierno habría sido incendiado a propósito ya que Silva Villanueva –quien fue denunciado- se encontraba quebrado y deseaba cobrar los seguros de sus propiedades.

OTRO CASO ocurrió en abril de este año, cuando vecinos de Chinameca quemaron vehículos propiedad del municipio y bloquearon la casa del presidente Municipal, Víctor Salomón Carmona, en protesta por el presunto encubrimiento de fuerzas policiales hacia el sobrino del munícipe que mató a un niño de sólo 8 años de edad.

EN TAMIAHUA, por otra parte, en junio de 2015, una turba causó destrozos e incendió el ayuntamiento de Tamiahua en medio de protestas por la muerte del joven Jalid García Vidal, quien fue detenido por la policía municipal y perdió la vida tras una golpiza en los separos durante varias horas. El chico tenía una enfermedad crónica, por lo que no soportó la agresión y perdió la vida en el Hospital Civil de Tuxpan. En fin, negligencia, indiferencia, corrupción e impunidad, han sido la causa de esos males que no deberían ser solapados por la Fiscalía del Estado como defensora de la sociedad. OPINA carjesus30@nullhotmail.com