Cuando parecía que las consecuencias del mal gobierno de Duarte de Ochoa se circunscribía a la pésima administración financiera y al latrocinio de los recursos públicos, lo que ahora acontece en Catemaco es la expresión del enojo social, combinado con la inoperancia del gobierno agotado ya por las circunstancias que colocaron al gobierno interino en un vendaval de exigencias para las que no tiene respuestas aceptables. Poco puede hacer Flavino Ríos cuando su mando está condicionado por situaciones adversas y el equipo de trabajo no le aporta apoyo porque está ocupado en resolver problemas propios. Hay disturbios en la población tuxtleca alimentados por el fanatismo y la ignorancia, combinadas con la ineficacia y ausencia de calidad moral de la autoridad municipal.