Ruta cultural

Por José Miguel Naranjo Ramírez

02 de noviembre de 2016

En la historia de la literatura mexicana, pocas han sido las mujeres que han sobresalido, en el siglo XX en México nació una de las mujeres más reconocidas e importantes de las letras contemporáneas, me refiero a la extraordinaria escritora Elena Garro, de quien estamos conmemorando el centenario de su nacimiento.
En reciente homenaje a Elena Garro en Palacio de Bellas Artes, Sara Sefchovich afirmó: “Llama la atención la ausencia de escritoras y su auge en el siglo XX, entra las que destaca Elena Garro, quien al igual que Sor Juana, no tiene antecedentes ni postcedentes.” De esta magnitud es la grandeza de la escritora, la trascendencia de su obra es indudable, escribió novelas, teatro, cuentos, además desarrolló una destacada carrera en el periodismo, por lo tanto, festejaremos a Elena Garro con su primer libro titulado: Un Hogar Sólido, publicado por la Editorial de la Universidad Veracruzana en el año 1958.
El libro integra seis obras de teatro las cuales son: “Un Hogar Sólido, Los Pilares de Doña Blanca, El Rey Mago, Andarse por las Ramas, Ventura Allende, El Encanto, Tendajón Mixto.”  Todas las obras se componen sólo de un acto, esto es muy importante porque Elena Garro dice mucho en aparentemente poco contenido, en las seis obras nos encontraremos con historias fantásticas, e incluso el propio Gabriel García Márquez reconoció que en las obras de Elena Garro estaba desarrollado el realismo mágico a plenitud, lo antes señalado se fortalece cuando se sabe que: Un Hogar Sólido es el único texto incluido de un autor mexicano en la antología de la literatura fantástica coordinada por Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.
Cuando hablamos de literatura fantástica nos situamos en lo surreal, en lo absurdo e inesperado, sin embargo, eso no implica que esta imaginación creativa no parta de la realidad, Elena Garro declaró que toda su literatura proviene de experiencias personales, las obras de teatro abordarán temas sobre el abandono, la soledad, la muerte, la búsqueda de un amor leal, es muy amplia la temática abordada y las interpretaciones que se les han dado son infinitas, por ahora desarrollaré brevemente dos obra del presente libro, que realmente me fascinaron y al mero estilo dramatúrgico se abre el telón:
La obra Un Hogar Sólido, está conformada por los siguientes personajes: “Don Clemente (60 años), Doña Gertrudis (40 años), Mamá Jesusita (80 años), Catita (5 años), Vicente Mejía (23 años), Muni (28 años), Eva, extranjera (20 años), Lidia (32 años).”  Todo sucederá en una cripta, desde un inicio claramente se percibe que los personajes son muertos que platican entre ellos, no tienen ningún contacto con el mundo al que pertenecieron, la edad que tienen es con la que murieron, desde la experiencia personal de la lectura, Catita es el personaje que más me atrapó y por el que se siente nostalgia,  murió a los 5 años y fue la primera en llegar a la cripta, es por ello que Vicente Mejía asesinado por los franceses en la intervención de 1864, con el paso de los años le platicaba a los demás miembro de su familia:
“Vicente. – ¡Dímelo a mí! Figúrense, yo llego aquí, todavía atarantado por los fogonazos, con mis heridas abiertas,… ¿y qué veo? A Catita llorando: ¡Quiero ver a mi mamá! ¡Quiero ver a  mi mamá! ¡Qué guerra me dio esa niña!, con decirles que echaba de menos a los franceses… Catita. – Estuvimos mucho tiempo solitos ¿verdad Vicente? No sabíamos que pasaba pero nadie vino nunca más. Jesusita. –Ya te he dicho Catita, nos fuimos a México, luego vino la revolución…”
Todos los personajes habían perdido su hogar sólido por la muerte a veces abrupta o provocada por las circunstancias que se vivían en un país sin leyes y sin orden, sólo en la muerte con el transcurso de los años la familia se fue reencontrando y en un cuarto cerrado sin ventanas ni puertas, pudieron encontrar su hogar sólido, es importante puntualizar que no eran almas en penas, sólo estaban en espera del juicio final, pero en lo que llegaba el juicio, los miembros escucharon un fuerte  ruido en el exterior, de pronto vieron descender a un miembro más de la familia, era Lidia quien llegaba a integrarse.
En el proceso de sepultura de Lidia, entraron unos rayos de luz a la cripta, la que más se emocionaba era Catita, porque ella quería conocer el mundo, pero Mamá Jesusita le dijo a Catita que eso no podría ser, que ellos sólo están en espera del juicio final, pero como este Juicio seguía y sigue sin llegar, los muertos se pusieron a platicar que partícula de átomos les gustarían ser:  
“Lidia. – ¡Un hogar sólido! ¡Eso soy yo! ¡Las losas de mi tumba! Catita. – ¡Yo quiero ser el dedo índice de Dios padre¡ Todos a coro. – ¡Niña!, Catita. – ¡Y yo la ventana que mire al mundo! Mamá Jesusita. – Ya no habrá mundo, Catita, porque todo eso lo seremos después del juicio final. Catita. – (Llora) ¿Ya no habrá mundo? ¿Y cuándo lo voy a ver? Yo no vi nada, ni siquiera aprendí el silabario. Yo quiero que haya mundo. Vicente. – ¡Velo ahora, Catita! (A lo lejos se oye una trompeta.) Mamá Jesusita. – ¡Jesús, Virgen Purísima! La trompeta del juicio final. ¡Y yo en camisón! Perdóname, Dios mío, esta impudicia! Lidia. – No, abuelita, es el toque de queda, hay un cuartel junto al panteón. Mamá Jesusita. – ¡Ah sí, ya me lo habían dicho! Y siempre se me olvida. ¿A quién se le ocurre poner un cuartel tan cerca de nosotros? ¡Qué gobierno! ¡Se presta a tantas confusiones!” En mi artículo se cierra el telón de un Hogar Sólido, porque todavía hay más mundo literario por presentar.
Elena Garro utilizó frases, refranes, leyendas populares, juegos de niños, para a partir de ellos, crear obras fantásticas donde quedan las enseñanzas impregnadas y el mensaje muy claro, la obra de teatro titulada: Los Pilares de Doña Blanca, sin exagerar es de las obras más bellas que he leído, el tema central es el amor, ese amor que todos buscamos y anhelamos, y cuando lo tenemos de frente muchas veces cobardemente huimos de él, los personajes que integran la obra son: “Blanca, Rubí, Cuatro Caballeros, y el Caballero Alazán.”
Doña Blanca vive en una torre sostenida por enormes pilares, Rubí su esposo la tiene apartada del mundo, ella  se asoma porque quiere ver horizontes, es decir, se percibe que busca la libertad para vivir, amar, elegir, afuera de la torre están cuatro caballeros, todos están enamorados de Blanca, ella le agrada que la enamoren y le den su corazón, cada caballero dialogará con ella, uno tiene el corazón viejo, dañado, pero aun así se lo entrega, ella lo acepta porque con esos corazones se adorna, pero cuando un corazón lleno de fuego la empieza a incendiar, inmediatamente le pide a Rubí se lo apague.
En ese contexto aparece el Caballero Alazán, y se da al siguiente dialogo: “Alazán. – Golpeo a este muro que me cubre al mundo, que mea parta de mí mismo. Debo ver que guarda. Blanca. – Me guarda a mí pero no es a mí a quien buscas. Alazán. – ¡Quizá! para saberlo debo entrar. Blanca. –Si es a mí a quien buscas, mírame desde allí, y no golpees más estos pilares. Alazán. –Mientras más te miro, menos te veo. Tendría que verte dentro de mi corazón. Blanca. – ¡Nunca he sido más rica en corazones! con el tuyo haré cinco corazones. ¡Déjame que lo vea! Alazán. – Mi corazón no se enseña. Hay que visitarlo por dentro y no tiene puerta de salida. Es un palacio deshabitado, con espejos vírgenes, si te miras en ellos encontraras el rostro que perdiste. Blanca. – ¿Y en tu espejo sería más bonita? Alazán. – No sé, serías tú.”
En el presente artículo sólo se desarrollan puntos que considero claves de la obra, el objetivo es incentivar a la lectura completa, realmente son obras maravillosas, pioneras del realismo mágico, no exagera la escritora Elena Poniatowska al afirmar que: “Elena Garro; por sí sola, es un género literario.”
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