Vaya con la actitud y comportamiento de algunos empresarios xalapeños, se pasaron el sexenio de la prosperidad esperando un guiño, un saludo, una sonrisa de Javier Duarte, sabedores de que eso significaba un contrato, un convenio, un acuerdo. A la gran mayoría, como perritos falderos, no les importaba el desdén, la soberbia y la burla de la que fueron objeto durante toda esta agónica administración. Los presidentes de las cámaras empresariales, que no líderes, siempre mostraron sumisión durante estos años. Bastaba el menor gesto amistoso del próspero o alguna promesa de contrato o pago, para olvidar el agravio.
Ahora, sabedores que la actual administración ya no les pagara sus adeudos y que difícilmente lo hará el gobierno que entra, les da por protestar como ayer en la Secretaria de Finanzas donde los de la CANACINTRA incluso quemaron un automóvil y amenazan con ocupar esas oficinas hasta que les paguen. Este
Movimiento cilindreado por el oscuro Carlos Abreu, compadre de Héctor Yunes y expresidente de ese organismo empresarial,  ahora dirigido por Antonio Pino, ambos reconocidos succionadores del erario, en realidad no representa mayores dimensiones, esa cámara no agrupa a más de 20 empresarios, y lo que verdaderamente pretende es llamar la atención para que el Gobernador Electo los tome en cuenta para asignarle algún contrato.
Peor aún, este movimiento de ayer ya fue descalificado por Luis Palacios Macedo, del inexistente jurídicamente Consejo Coordinador Empresarial de Xalapa. Palacios es también de ese grupúsculo de élite empresarial anodino que está al servicio de quién ostenta el poder.