arturo
Del muro de Arturo Santos

“El verdadero fraude de Duarte.”

Era joven, de origen y trayectoria desconocida para muchos, pero joven ante todos.

En ese inicio, la estúpida arrogancia marcaba su paso bajo la promesa de una sapiencia única que más allá de su regordete aspecto físico y su molesto tono de voz, llevarían como nunca al estrellato político y profesional a otros tantos que como él tuvieran esa “supuesta” capacidad extraordinaria para conducir a uno de los estados más importantes del país.

Se le veía seguro, certero y en ocasiones hasta mesiánico, prepotente y dictatorial, manifestando que la justificación a ello era el buen rumbo y mejor destino de sus actos.

Muchos, jóvenes y otros no tanto, adoptaron esos modos transformando la política estatal en un desfile de marcas y poses.

Al final, se trató de simples ladrones que con su funesto resultado transformaron el glamour y la soberbia en vergüenza y pendejismo, y su don de “estadistas” en cobardía y miedo, causando un desfalco emocional en muchos quienes aún ahora pretenden mantener un simil conductual que a todas luces es penoso.

Se descarriló a toda una generación de jóvenes quienes hoy sin rumbo pero sobre todo sin bases, resienten el verdadero fraude: el de la identidad.