Tal cual

Por Alberto Loret de Mola

24 de noviembre de 2016

En la pasada entrega, con la asesoría siempre aguda de nuestro hermano Juan José Llanes, nos permitimos cronicar lo que estaría siendo el día a día del exgobernador de Veracruz, encerrado a piedra y lodo en algún lugar del mundo.

Pues bien, esta mañana nos hemos levantado con la cabeza puesta en una teoría conspirativa emanada de la impresión, mala por cierto, que nos dio el comisionado de seguridad cuando afirmó que estaban cerca de detener a Duarte. ¿What? Nunca se está “cerca” de un objetivo y se presume. Se calla uno la boca hasta que el pájaro está en su jaula. De ahí que nos la hemos pasado elucubrando sobre la mencionada y exótica conspiración.

Retomamos un fragmento de la crónica mencionada: “Javi la mira -a su esposa- y baja la cabeza. El panorama es sombrío: vivir en ese cuarto encerrado con sus hijos y su mujer gritando meses hasta que el abogado encuentre la fórmula mágica que lo saque del problema o el presidente escuche los mensajes amenazantes que le ha dejado a su número privado y se asuste, o saltar al vacío a encontrarse con Francisco Franco”. Fin de la cita.

Pues bien, nuestra teoría va en el sentido que “alguien” escuchó los mensajes y le devolvió la llamada porque en algún momento el prófugo dijo “algo muy delicado”. Y a partir de ese punto y hora, Javier fue tratado con la pompa y circunstancia de su alta investidura que no es otra que la de ser poseedor de información sensible, explosiva, destructiva. Información debidamente respaldada, por supuesto.

Y ya entrados a navegar en la especulación, pues nos fuimos hasta dar con su probable domicilio que tan puede ser la casa de gobierno de Chiapas, como la Nunciatura (refugio de narcos y malvivientes), o alguna instalación secreta del Estado Mayor o los mismísimos Pinos. Vaya usted a saber, amigo lector. Pero a salto de mata, lo que se dice a salto de mata, Javier no salta.

Creemos y no nos haga mucho caso, que ya no lo estarían buscando ni lo tendrían cercado sino que  las más altas instancias estarían negociando civilizadamente con él (como corporalmente reveló el inocente comisionado) aderezando las pláticas con vinos y quesos finos. Faltaba más.

¿Y qué tanto estarían negociando? Pues aquí, estimado amigo, eche a volar la imaginación: desde la entrega “voluntaria” de Javier o una “captura de seda”, hasta la libertad de su esposa, sus suegros y el destino de sus hijos. También, nos imaginamos, algo de vómito negro (en el argot político dícese de la devolución, no oficial, de dinero, fincas, Etc.) para satisfacer la sed de sangre de Yunes Linares, los años por purgar, las dimensiones y comodidades de la celda, el día y la hora, en fin, esas cosas importantes que el derecho no contempla.

¿Y qué va a pasar? si la teoría es correcta, a Duarte de Ochoa se le daría trato VIP y se le trataría con gran consideración. Nada de aparecer esposado con el cartel de la PGR detrás o arrastrado en pijama tras haber sido sacado a deshoras de su cama. De las cuentas de su esposa probablemente no se hablaría demasiado y, con ello y algunos detalles que a nuestra imaginación escapan, todos a salvo.

Sólo una cosa no nos cuadra: no vemos a Javier tras las rejas. Seguimos firme en nuestra personal teoría que antes de pisar la cárcel, Duarte preferiría estar muerto. Pero la gente cambia de acuerdo a su circunstancia.