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Guadalupe Loaeza
Reforma

27 Oct. 2016

 

El caso de Javier Duarte es el caso más vomitivo de los últimos tiempos; siendo el ex gobernador de uno de los estados más pobres del país resulta inadmisible el saqueo que le ha hecho a Veracruz. Javier Duarte es un ladrón, un irresponsable, pero sobre todo es un cínico que pensó que sus tropelías iban a quedar impunes por el solo hecho de pertenecer a un partido en el cual la corrupción es práctica habitual.

¿Por qué se tardaron tanto en expulsarlo? No hay que olvidar que el ex candidato a la gubernatura de Veracruz, Héctor Yunes
Landa, le imploró al PRI que lo removiera de su cargo porque era un lastre para su campaña en el periodo electoral que acaba de concluir. ¿Por qué esperar a que uno de los cómplices de Duarte soltara la sopa y confesara su red de corrupción? He aquí una lección para el PRI y para el resto de los partidos políticos, porque desafortunadamente las prácticas de Duarte no son una excepción, sino la regla de la mayoría de los estados de este país.

Si Javier Duarte fue capaz de quebrar proveedores, de desviar recursos de los presupuestos de salud y educación destinados a los más pobres en su estado, si tuvo el descaro de robarse el dinero del Pronapred y de comprar a la prensa local y a una parte de la nacional, si es capaz de todo lo anterior, ¿cómo podríamos asegurar que no es capaz de más? Por ejemplo de pactar con el crimen organizado (salvo que más bien forme parte de él).

¿Qué le pasó a Javier Duarte? ¿En dónde radica su perversidad? ¿Y por qué su partido permitió tanta impunidad durante tanto tiempo? Su caso de corrupción no es un accidente. Durante años el ladrón de Javier Duarte orquestó una sofisticada red para triangular recursos públicos a través de prestanombres, empresas fantasma con domicilios falsos, facturas apócrifas, cuentas bancarias en el extranjero, con la complicidad de amigos y familiares.

Es este tema el que más me indigna. ¿Cómo olvidar que hace más de un año cuando publiqué el texto titulado: “¿Que tal durmió, señor gobernador?” (agosto, 2015), su esposa Karime Macías Tubilla me escribió una carta indignadísima en la cual defendía a su querido marido a capa y espada: “Uno de nuestros anhelos, como servidores públicos que somos, es que cada persona en nuestro Estado (sic) duerma bien y tranquilo, con un techo digno y un trabajo que lo espere la mañana siguiente. Sabemos que falta mucho por hacer pero estamos dando pasos sólidos para que así sea”. Seguramente Karime le mostró a su marido la carta que me envió y éste, más que complacido por tener a una mujer comprometida con sus anhelos, le mandó comprar (con ayuda de sus testaferros) a la joyería Berger de Presidente Masaryk un anillo de 185 mil dólares y unos aretitos de 40 mil, tal como lo confesara Alfonso Ortega, ex abogado y prestanombres del gobernador.

Al despedirse Karime en su sentida carta, se percibe irritada y hasta airada: “Yo, por el contrario, te deseo una linda tarde y una muy buena noche”. Lo más probable es que la primera dama de Veracruz me haya enviado este correo electrónico de su laptop desde alguna de sus treinta casas en Miami, de alguno de sus cinco tiempos compartidos en el Saint Regis de Nueva York, o desde su casa de Arizona, o la de Woodlands, o desde su piso de Madrid, o desde su edificio de Presidente Masaryk, o desde sus departamentos del Club de Golf Bosques, o de sus terrenos de Las Lomas de Chapultepec, o desde su casa de Coyoacán, o desde sus dos departamentos en Ixtapa, o desde su finca de Valle de Bravo o desde su rancho de Córdoba o ya de perdida, desde alguna de sus bodegas en Ocoyoacac, Estado de México.

Entenderán ustedes por qué me pareció irrelevante publicar la respuesta indignada de Karime Macías, esposa de Javier Duarte y una de los presuntos integrantes de esta banda organizada de ladrones. Es que de verdad que es inaudita tanta corrupción. Indignante que haya huido. ¿Dónde estará Javier Duarte? ¿En qué alcantarilla se ocultará esta rata? Con todo lo ya publicado y al no haberse presentado antier ante la Comisión Nacional de Justicia del PRI, queda claro que todos los hechos que se le imputan deben ser más que verdaderos. No es de gratis que Javier Duarte sea ya un fugitivo.

gloaezatovar@nullyahoo.com