La estridente derrota de Hillary Clinton, o la rotunda victoria de Donald Trump, según cada cual quiera verla, no debe desviar la atención de lo que ocurre en el microuniverso de la aldea jarocha. Aquí estamos con el agua al cuello, ocho millones de habitantes postrados en el estancamiento provocado por dos desgobiernos consecutivos y aunque la ciudadanía reaccionó con su voto el 5 de junio pasado para auspiciar la alternancia no es dable pensar que es la panacea que resolverá nuestros problemas colectivos. El nuevo gobierno y la sociedad debieran iniciar una relación basada en un acuerdo, en un contrato social que incluya la responsabilidad de todos, por cuanto a que lo ocurrido en Veracruz contó con el silencio, la incapacidad de la sociedad para organizarse en contra de los malos políticos. Sin olvidar que a los malos políticos los ha parido la propia sociedad.