Ha sido larga y permanente la evolución política del pueblo mexicano: la Constitución Política de 1917  fue producto de la Revolución Mexicana que dio fin a 30 años de dictadura y a partir de la vigencia de este marco normativo se instituyó un nuevo Sistema Político en cuyo régimen de gobierno el presidente de la república gravitó centralmente en los ámbitos del Poder durante todo el siglo XX.

¿En dónde, en qué momento de nuestra evolución política pudiéramos fijar antecedentes de la transición? En lo social se tienen registros que en la década de los ´50 algunos sectores de la sociedad reclamaban cambios, así lo constatan el movimiento magisterial liderado por Othón Salazar y el Ferrocarrilero encabezado por Demetrio Vallejo, y culmina esa década con el movimiento estudiantil de 1968. En lo económico transitamos del Modelo de sustitución de importaciones (1940), al Desarrollo Estabilizador iniciado en 1964- 1970) y el Modelo Neoliberal (1982). En lo político, con la creación de diputados de partido (1963- 1964)  se da inicio a una pretendida etapa de pluralismo, aunque la prevalencia del partido hegemónico (PRI) daba al traste con las aspiraciones del cambio democrático.

Echeverría inició una tímida reforma al reducir la edad para ser electo diputado o senador y redefinió el número de habitantes por cada Distrito Electoral. Mayor impulso propuso López Portillo al encomendarle a su Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, una Reforma Política más de fondo, por la que se perfeccionó la figura de “diputados de partido” al crearse las fórmulas electorales para la representación proporcional y de mayoría relativa. De la Madrid reformó el Código Electoral con avances sustanciales; Salinas creó el IFE; Zedillo apartó al gobierno de los asuntos electorales y en 1996 hubo brote exitoso de participación ciudadana; es a partir de 1977 cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de diputados del Congreso General y el gobierno del Distrito Federal cuando se vislumbraron los signos que vaticinaban la alternancia en la presidencia de la república, finalmente lograda en 2000.

Pero la alternancia no era nueva en otros niveles de gobierno, pues en el ámbito municipal y el legislativo existen antecedentes en la elección federal de 1946 que eligió a Miguel Alemán Valdés para la presidencia: “el Partido Acción Nacional ganó para su causa los primeros Diputados al Congreso de la Unión: Miguel Ramírez Munguía, por Tacámbaro, Mich., 6° Distrito, Juan Gutiérrez Lascurain, por el 7° del DF., Antonio L. Rodríguez, por el 1° Distrito de Monterrey y Aquiles Elorduy García, por el 1° Distrito de Aguascalientes. Además, el sinarquismo logró ingresar a esa Cámara a Manuel Rocha Lassaux, por el 7° de Guanajuato. La XL Legislatura (1946-1949) terminaba así con la era de Legislaturas de partido único, iniciándose la larga lucha de los partidos opositores al PRI por lograr posiciones en el Congreso Federal. (En 1944, el Partido Acción Nacional ganó su primera diputación local con el Dr. Alfonso Hernández Sánchez, como su candidato en Zamora, Michoacán y en ese mismo estado triunfó con su candidato Manuel Torres para obtener la alcaldía de Quiroga” (El Fin de una Era, ABV).

Por su contemporaneidad lo que ha ocurrido en México después de la alternancia no resulta ajeno para la población mexicana en mayoría de edad, que ha podido atestiguar cómo, por efectos de nuestra democracia electoral tras doce años de gobiernos panistas, el PRI retornó a Los Pinos. Durante ese breve interregno hubo sustanciales cambios en el Partido antaño hegemónico, pues a falta de la consigna presidencial sus gobernadores se convirtieron en el fiel de la balanza sucesoria y pudieron decidir a modo en lo que Veracruz es modelo ad hoc que lo demuestra.  Por el fenómeno de la alternancia hemos comprobado los vicios del continuismo en el Poder pues descubrió complicidades al por mayor; la alternancia ha traído consecuencias positivas porque permite descubrir los contubernios en el Poder tras un continuismo pervertido. Al menos en Veracruz el gobernador fue derrocado gracias a informaciones difundidas sobre sus corruptelas.

No solo habrá cambio de gobierno, en Veracruz habrá cambio de régimen, esta alternancia no quedará en “cambio de estilo”, ha asegurado Miguel Ángel Yunes Linares; ¿Qué debemos entender por cambio de régimen? lo adelanta en su discurso: habrá auténtica división de Poderes, ya no más Poder Legislativo en supeditación servil hacia el Ejecutivo; el Poder Judicial contará con autonomía presupuestal para fortalecer su integración y el ejercicio de sus funciones. A partir de ese supuesto, debe acentuarse una transparente rendición de cuentas; amplio margen de operación a una Contraloría no supeditada al Ejecutivo; perfeccionamiento del Estado de Derecho con una Fiscalía realmente emancipada; fortalecimiento al federalismo otorgando autonomía municipal sin relajar los controles en la aplicación del recurso público. Coordinación y colaboración constructiva con el ámbito de gobierno federal, tales serían los supuestos básicos del cambio de régimen, que debe incluir, pues es imperativo, el castigo a quienes ultrajaron la confianza en ellos depositada y se enriquecieron con fruición maniática.

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19-noviembre-2016