A contracorriente
Por Manuel del Ángel Rocha
08 de noviembre de 2016

Las sonrisas cínicas de tres operadores políticos de primer nivel de Javier Duarte, que orondos departían saludos entre las curules de la nueva LXIV Legislatura local, sólo nos muestra el grado de confianza que existe entre estos representantes del PRI y sus partidos satelites, y las demás fuerzas políticas, porque a pesar de existir demandas judiciales y señalamientos por actos de corrupción, los ahora diputados, locos de contentos, se congratulaban con sus homólogos, sin que sus ayeres les pesaran nada. Vicente Benítez, Juan Manuel del Castillo, y Gerardo Buganza, personeros del prófugo ex gobernador, al parecer han sido perdonados por los pactos de las fuerzas invisibles de esta política perversa, que se empecina en reproducir y multiplicar la nefanda impunidad, tan dañina para el pueblo de México y Veracruz.

Los intereses partidistas a la hora de la negociación, están por encima de una voluntad ciudadana que sentenció al patíbulo a los saqueadores, pero hoy estos diputados locales, participes de la debacle, son los primeros en gozar de la omisión de la ley. Porque al parecer ya tampoco es prioridad que Duarte este en la cárcel. Lo fue durante el tiempo de campaña, hoy la responsabilidad es de la PGR, porque tampoco fue tema entre Miguel Angel Yunes y Enrique Peña Nieto, a decir del primero.  Bueno, hasta Flavino y Gómez Pelegrin se sentaron nada animosamente con los alcaldes insurrectos (en peticiones justas de reparación del daño), para  hacer prevalecer la democracia y la “inestabilidad republicana”, ya desgastadas y sin visos de respuestas, porque al parecer los intereses de los pactistas, se le treparon a  la justicia.

En un escenario inédito, donde se suponía que las declaraciones de los Coordinadores de las fracciones de las principales fuerzas políticas serian reales, acabaron siendo basura. La chapucera preeminencia de los intereses, se impuso a la lógica de los votos emitidos el 5 de junio. Aquella posición de que nos sentaremos a dialogar para hacer prevalecer lo que convenga a los ciudadanos, fue pólvora mojada, que de paso, también avaló lo más rancio de la política; la herencia pútrida de Duarte y Fidel Herrera, en las personas de Buganza, Benítez y del Castillo. Estos son los diputados locales, pero y de los cinco diputados federales responsables del quebranto financiero del estado, ¿quién los toca?; Erik Lagos, Jorge Carballo, Tarek Abdala, Adolfo Mota y Alberto Silva Ramos, nadan de muertito, sin prisa, sabedores que los intereses superiores del mayoríteo en las votaciones del Congreso Federal, son “más importantes” que la desgracia de los veracruzanos.

Así lo sentencio José Antonio Meade, titula de la SHCP, que los veracruzanos se rasquen con sus uñas, total, el prófugo es de ellos, nosotros, los miraremos desde la barrera para verificar si son disciplinados con su ejercicio presupuestal. Este personaje proyecta de manera natural la simbiosis política. Su imagen bicolor, es el fiel reflejo del mimetismo partidista que porta públicamente su esencia al pactismo, como forma casi biológica para seguir manteniendo sus intereses de grupo económico y político, por encima de cualquier calamidad natural o social. Veracruz en su naufragio, sólo vale la pena otro acuerdo; Que la PGR mete a la cárcel a Duarte, estudiar la posibilidad de un rescate financiero, pero de los demás responsables del saqueo, nada, ni uno más. Javier Duarte es el ladrón solitario, sin cómplices, ni protectores, ni compadres, ni suegros, ni cuñadas, ni prestanombres, ni secretarios, sub secretarios, ni coordinadores, ni diputados federales, ni locales, ni nada.

En la lectura del primer día de trabajo de la recién instalada LXIV Legislatura local, se lee sólo impunidad para los señalados de la prevaricación. Y sobre el mismo compás, los diputados Morenos abandonaron la sesión para protestar ante la insolencia a los resultados electorales de junio, que los coloca como segunda fuerza a nivel estatal, con derecho de formar parte de la Mesa Directiva, pero sin reciprocidad de las otras fuerzas políticas. Esta osadía sólo es muestra que los pactos son reales, y pasan por encima de una realidad social y política pulverizada, que esta urgida de mensajes a la mesura, a la recomposición política, como una forma superior de armonizar la tranquilidad de los veracruzanos.  Los arreglos políticos son una práctica que la Junta de Coordinación Política del Congreso tendrá urgentemente que  poner a funcionar. Los veracruzanos padecimos no sólo a Javier Duarte, sino también a un Congreso cómplice, corresponsable del daño hecho a la sociedad, es por ello que alguien de la LXIV Legislatura, con altura de miras, deba ponerse las pilas y rectifique la pifia mayúscula de la toma de posesión. Pero también nada más sensato para el gobierno que entrará a partir del primero de diciembre,  reconozca la segunda fuerza, que bien representada, legitime las acciones a emprender, de lo contrario estamos por reproducir esta triste historia que hoy estamos padeciendo. Basta de pactos que privilegien a unos cuantos, que además, exacerban la rijosidad social, porque sobre la tumba  del incipiente cadáver y sus sepultureros, la sociedad, sin prisa, pero sin pausa,  no tendrá sosiego en recordarles sus connivencias.