Política
Por Mario Mijares*
12 de diciembre de 2016

1.- En La Jornada, primera plana del día 9 del presente, el secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, subrayó: ¿Qué quieren los mexicanos que hagan las fuerzas armadas? ¿Quieren que estemos en los cuarteles?, adelante; yo sería el primero en levantar no una, las dos manos para que nos vayamos a hacer nuestras tareas constitucionales.

Ante ésta petición señor general me permito enviarle lo que propuse hace diez años, vía artículos periodísticos, y que posteriormente lo escribí en el libro: Ciclos políticos, (en la historia del pueblo mexicano 1810 a 2010), Ed. www.palibrio.com. La investigación para el tema del gobierno de Calderón,  está en base a las notas periodísticas y revistas de la época. Únicamente, pondré algunos párrafos, debido al espacio tan corto, que nos da el diario. Le agradezco su atención, y por supuesto yo deseo por el bien del pueblo mexicano, y del ejército en particular, cumplan únicamente con las funciones que están plasmadas en la Ley Orgánica de la Administración Pública.

2.- […] “Como muestra de la carencia total de autodeterminación y soberanía nacional para implantar satisfactoriamente políticas de seguridad en México, quienes encargan de encauzar la vida política nacional. Felipe Calderón, solicitó ayuda a Washington para combatir el crimen organizado, en especial el narcotráfico, hacia finales de marzo de 2007.  Su argumento consistió en que él no podía sólo, además de tratarse de un problema de seguridad hemisférica. Lo anterior se dio dentro de un escenario político de violencia militar, introducido por  Calderón, al generar móviles políticos para el desquiciamiento del país. La intervención irracional de las fuerzas armadas, investidas supuestamente para luchar contra el narco, realizó funciones correspondientes a la policía. El mismo llamado absurdo de Calderón al Pentágono para albergar a efectivos estadunidenses en el país, estaba planeado para la creación de una base militar de Estados Unidos en México. Desde la declaración de guerra a los cárteles de la droga en 2006, las fuerzas armadas desplazaron 50 mil militares he instalaron retenes en todo el país, así como el cateo en casas particulares en busca de traficantes.”

3. […] Las desquiciadas declaraciones realizadas por el general Guillermo Galván Galván, Secretario de la SEDENA, evidenciaron la falta de comprensión ante el problema de seguridad nacional;  “El Ejército seguiría en las calles de cinco a 10 años más”,   asumiendo que se proseguirán tales políticas de manera transexenal. Tenía razón, el guion previsto sigue aplicándose hoy día. El general Galván pasó por alto la Constitución, confirmando con ello que  ¡Felipe Calderón ha sido el presidente más débil de la historia mexicana reciente!, al conceder los poderes fácticos, su intervención en las decisiones que le corresponden al presidente. Dicha debilidad estribó en la ilegitimidad desde su arribo como jefe del ejecutivo.”  

[…] La misma corrupción ejercida  mediante los responsables del gobierno mexicano, quienes desde hace años mantienen una complicidad con las organizaciones criminales, pues no controlan únicamente el narco, sino también el tráfico de blancas, órganos humanos, armas entre otros aspectos que fortalecen la adherencia del mecanismo criminal en el país.  El caso de Zhenli Yen Gon, es una muestra irrefutable de la intromisión de funcionarios dentro de las mafias, Yen empresario chino con carta de naturalización en México, documento firmado por el presidente Fox. Yen Gon, era representante de la firma de un laboratorio el cual tenía contratos con el sector salud. Las autoridades mexicanas le brindaban protección para importar seudoefedrina de Asia. La cantidad de las transferencias alcanzó alrededor de 80.5 toneladas de dicha sustancia.   

Felipe Calderón cumplió durante cuatro años de su administración el paradigma impuesto por de la economía de guerra de Washington. Así mientras de manera simulada la gestión de Calderón combatía el narco y el crimen organizado, simultáneamente compraba armamento, helicópteros y aviones a las armadoras angloamericanas por medio de convenios con Washington. Tales labores fueron descubiertas por de Julio Scherer García, al desenmascarar las  políticas oficiales y el tremendo baño de sangre sufrido en el país desde el inicio del sexenio calderonista. La entrevista con El Mayo Zambada en la revista Proceso,  confirmó la supuesta lucha de Felipe Calderón contra el narcotráfico, la cual todos sabían que era infructuosa. Empero, las fuerzas armadas mexicanas, obtenían únicamente un escenario de terror, mientras la institución de los derechos humanos del país se hallaba  hundida en la corrupción para acrecentar el negocio de las armas.

[…] Felipe Calderón casi al finalizar su sexenio, realizó una serie de reuniones en el Campo Marte de la Ciudad de México, tituladas “Diálogo por la Seguridad”. En un acto insensato solicitó a las diversas iglesias del país reclutar curas y pastores informantes.  No se satisfizo con los órganos de seguridad e información del Estado: el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, (CISEN); las  secciones de Inteligencia del Estado Mayor; la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina- Armada de México. Ahora le demandaba al pueblo mexicano desempeñar papel de “soplones”. El resultado de toda esa enfermedad guerrera  por parte del Ejecutivo trajo consigo una gran cantidad de sacrificados. El constante error de Calderón estribó en su falta del manejo político, por lo cual, al culminar  su encargo, terminó siendo un presidente solitario y odiado. 

[…] Cuando Calderón ordenó a la Armada salir a patrullar las calles del país, ésta se trocó de inmediato en un tipo de “guardia pretoriana” en pleno siglo XXI, con probada lealtad a su comandante. No obstante, el ejército pretoriano también es aquel que asesina en la noche a su general o héroe, aunque los haya aclamado en la mañana. Es al final una fuerza demoledora de instituciones que juró defender. De inmediato, la armada realizó retenes agresivos por todo el país, violando siempre los derechos de los mexicanos, sobre todo el de libre tránsito, garantizado en la Constitución.”

*Mario Raúl Mijares Sánchez, se licenció y doctoró en Ciencia Política en la UNAM. Escribe para este diario, paralelo a ello, tiene obra editada. mmijaress14@nullhotmail.com