DESPERTAR A TIEMPO
Por Romeo Gonzalez Medrano
03 de diciembre de 2016

Hace poco más de tres décadas, Presidente Miguel de la Madrid publicó el Decreto que creó el Sistema Nacional de Planeación dentro del cual quedó establecido el derecho a la participación de los ciudadanos en las decisiones públicas desde la formulación hasta la ejecución y la evaluación de las mismas.  Por ser la institución  más cercana a la sociedad civil, son gobiernos municipales los que tienen mayores posibilidades de  fomentar y de abrirse a la participación ciudadana.

En el caso de Xalapa, su alcalde Américo Zúñiga Martínez ha sido persistente e innovador al abrirse y dar cabida a la participación de ciudadanos y organizaciones sociales. La experiencia de Gobierno Abierto ha tenido y tendrá muchas implicaciones. Transparentar la función pública no sólo es un criterio fundamental del Banco Mundial para hacer viable- entre otras cosas- que en países como México llegue la inversión productiva de mediano y largo plazo. Si se trata de sacudir estructuras y prácticas viciadas, la transparencia es vital. También es la exigencia más sentida por una sociedad civil que padece de hartazgo de políticos corruptos. Sin embargo las inercias de los aparatos burocráticos pesan y mucho. El exhorto, la advertencia o la filosofía política de un nuevo gobernante de retos marcados, puede servir a los buenos fines de un gobierno pero al final, lo que pesa en la ejecución del poder son los grupos de interés. Y si el gobernante se niega a complacerlos sigue la guerra mediática como ya se está viendo en Xalapa. La mayoría de los servidores públicos de los tres ámbitos de gobierno carecen de una formación, hábitos y sensibilidad adecuada a la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y en cambio están sujetos a la presión de poderes facticos locales y nacionales..

Como un modesto analista y colaborador de la Lic. Silvia Piso Joo – entonces Directora de Programación de Servicios de la extinta Secretaria de Programación y Presupuesto (1979) – tuve la oportunidad de ser protagonista y observador critico de todo el instrumental técnico, administrativo, jurídico y normativo, de capacitación y formación de recursos humanos para la planeación que hizo posible sentar las bases de dicho sistema. Por varios sexenios  surgieron planes nacionales, regionales, sectoriales e institucionales con diversos grados de consenso, rigor metodológico, sustento informativo, mecanismos de coordinación y concertación.  La mayor parte de esta creación fue posteriormente desmantelada bajo el amparo de reformas tras las cuales se complació a reacomodos del poder.

Nunca que yo recuerde dejé de ser partícipe propositivo y a la vez critico de limitaciones o absurdos. Puedo afirmar que al lado de muchos otros servidores públicos  vi  nacer, crecer y morir el ejercicio más ambicioso de racionalidad del Estado Mexicano. Es más, mi tesis de licenciatura en ciencias políticas en la UNAM la dediqué a demostrar la incongruencia entre los objetivos de la política alimentaria y la ejecución de los programas gubernamentales.

Desde entonces me ha llamado mucho la atención una característica constante: me refiero a la enorme  capacidad de simulación de la clase política mexicana. Es un problema cultural que involucra a toda la sociedad sin distingos de colores, ideologías o partidos políticos.  La creatividad y el ingenio para decir o pensar unas cosas y hacer lo contrario, es infinita. Reconocer que México es un país de muy buenas leyes que no se cumplen, apenas es un aspecto de ese contraste que nos habla de la capacidad para perderse en las palabras y desmentirlas en los hechos. Al día de hoy, esa simulación alcanza todos los ámbitos de la vida y de manera especial, todo el sistema de fiscalización, transparencia y rendición de cuentas.

Seguramente los lectores habrán escuchado un mensaje de radio que en periodo de elecciones se difunde a instancias del Instituto Nacional Electoral  y que dice que “la riqueza de una nación se mide por la participación de su gente”. La simulación y la  incongruencia van implícitos en dicho mensaje cuando todos sabemos que la participación de los electores en México se limita a votar por candidatos que solo unos cuantos deciden.

Siendo Secretario de Programación Carlos Salinas de Gortari, el Suplemento  El Gallo Ilustrado del periódico El Día me publicó un ensayo en el que planteaba que la planeación adjetivada por decreto como “democrática” nunca podría ser más democrática que  el grado de democratización alcanzado por la propia sociedad civil y por ende de todas y cada una de sus organizaciones sociales, gremiales, políticas, etc. Por este principio vi con suspicacia el ejercicio mediante el cual se formuló el Plan de Desarrollo que regirá durante el gobierno de Miguel Ángel YUNES Linares.

Hoy que ya me encuentro cada vez más cerca de las organizaciones sociales me doy cuenta de otro aspecto del problema: la clase política gobernante como los ejecutores de políticas públicas y de programas, carecen de una cultura política afín a la participación de ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil. En cambio, sin excepción de afiliación partidaria, traen en sus genes los hábitos del paternalismo, del control y la manipulación de la participación. Paralelo está la incapacidad de dialogo plural y no se diga incapacidad de concertación transparente. En su lugar tenemos la concertación en lo oscurito, el soborno de líderes y la gobernabilidad agotada, costosa e ineficaz.

 El tema de la planeación democrática y la participación, aun cuestionado, tiene vigencia hoy más que nunca porque la renovación de la esperanza de los mexicanos a partir del retorno del PRI  a la Presidencia, depende de lo que resulte con las reformas del Presidente Enrique Peña Nieto. Se olvida que generar más riqueza- bajo el supuesto que ese sea el resultado-  no garantiza su mejor distribución. El problema de fondo es la falta de desarrollo político. El pensamiento mágico supone que al cambiar las leyes, ya está hecho el milagro.

La clase política gobernante no la tiene fácil; ni en Veracruz ni en México. Nada de lo que haga o deje de hacer será suficiente para sacudir el estado de ánimo y las actitudes de desconfianza de los ciudadanos hacia  las instituciones del Estado como consecuencia de tantas promesas incumplidas y de la impunidad de que aún gozan los detentadores de fortunas inexplicables.

Venga de donde venga y aunque se sature de mensajes todos los medios de comunicación, ninguna campaña tendrá efecto positivo en la regeneración de credibilidad y de confianza; solo los actos de congruencia de los gobernantes, el combate eficaz de la impunidad, la recuperación para el erario público de la riqueza robada por políticos de todos colores y la consignación penal de peces de todos tamaños. Quien haga esto hará la única campaña eficaz de cara a los procesos electorales siguientes. POLÍTICA de Resultados no de saliva. Como en la vida conyugal, nada recupera con más eficacia, credibilidad y confianza como hechos y resultados. En las próximas elecciones poco o nada contarán colores y siglas. Se confía en personas, obras y acciones. La sociedad ya maduró, ha vivido alternancias y sabe que en todas las organizaciones hay DE TODO.