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General Cienfuegos le puso el cascabel al gato

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Juan Carlos Andrade Guevara

En el Informe de País sobre la calidad de la ciudadanía en México, elaborado por el Instituto Nacional Electoral en el año 2014, al preguntarle a los ciudadanos en qué instituciones confían, el ejército y la marina aparecen en primerísimo lugar de aprobación, con más del sesenta por ciento. En el último, por cierto, aparecen los diputados que apenas y rebasan el 20 por ciento de respaldo.

Me atrevo a pensar que dicha confianza de la ciudadanía en el Ejército y la Marina se debe a su persistente presencia para apoyar las tareas de rescate y cuidado de la población los desastres naturales que llegan a afectar al país, en el respaldo que ofrecen en catástrofes de diversa índole y en la férrea institucionalidad y disciplina que nuestras fuerzas armadas muestran ante tales circunstancias.

Lo anterior lo traigo a colación dada la sinceridad con la que se expresó el General Salvador Cienfuegos Zepeda,  Secretario de la Defensa Nacional, en reciente reunión con medios de comunicación, dónde, de manera muy prudente e  institucional urgió al poder legislativo –en particular al Senado- sobre la necesidad de contar con un marco legal que permita al ejército del país el tener claridad en sus funciones, atribuciones y límites en su lucha frente al narcotráfico.

El mensaje del titular del Ejército debe entenderse como un llamado de atención al gobierno y a la sociedad mexicana en su conjunto para repensar si la estrategia de mantener a nuestros soldados en las calles combatiendo al narcotráfico ha valido la pena. La prudencia y claridad del General Cienfuegos no sólo deben aplaudirse, sino también generar un amplio debate entre la sociedad sobre la mejor manera de combatir al narcotráfico sin demeritar ni exponer a nuestras fuerzas armadas.

La lucha contra el narcotráfico no es cualquier cosa. Es evidente que nuestro Ejército fue enviado a combatir por sus comandantes supremos, sin un diagnóstico serio, a una trinchera al que se enfrenta a un enemigo desconocido, mutante, muy bien camuflajeado e infiltrado en las venas más íntimas del poder. Es muy difícil combatir cuando se tiene al enemigo en casa, cuando son los propios gobernadores y presidentes municipales los que pactan y le conceden al contrario plazas y protección a cambio de quien sabe qué.

Coincido con otros varios analistas en el sentido de que nuestro Ejército no fue creado para ejercer tales funciones. Si bien el narcotráfico y la violencia que ha traído consigo son, sin duda, un asunto de seguridad nacional, también es cierto que poco o nada han hecho en los últimos años los gobiernos locales para abatir al enemigo, debilitarlo desde el poder de las instituciones y menguar el esfuerzo realizado por nuestras fuerzas armadas. Es un esfuerzo muy desigual.

El debate debe abrirse a los expertos en seguridad nacional, a los académicos, a las víctimas y al propio Ejército Mexicano. Es urgente e indispensable fortalecer al Estado para garantizar seguridad a sus ciudadanos, creando una policía equipada con la más alta tecnología, adiestramiento, inteligencia y lealtad; una promesa que siempre aparece en tiempos de campañas políticas pero que se olvida a la brevedad.

Es necesario retomar el rumbo y ello solo será posible si de manera gradual se devuelve el ejército a los cuarteles, si se le dan atribuciones afines a la seguridad interna de carácter no violento y se construye paralelamente una institución de seguridad pública nacional con un mando único y una capacidad de acción certificada por los más altos estándares de calidad y lealtad.

El incremento en las desapariciones forzadas, en los secuestros, los crímenes violentos, de ataques a las fuerzas armadas y la aparición, casi exponencial, de grupos violentos, debe ser el indicador base para entender que nada se ha logrado en diez años de combate despiadado y cruel entre el ejército y el narco;  que ha dejado, por cierto, a decenas de miles de víctimas civiles.

En el momento de escribir estas líneas se esboza un compromiso de los líderes de las diferentes bancadas en el Senado para avanzar en tal sentido. Por el bien del país, ojalá se avance en este importante tema.

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