Sin tacto
Por Sergio González Levet
08 de diciembre de 2016

Para obtener un título profesional de licenciatura en la Universidad Veracruzana se necesita haber obtenido calificación aprobatoria en las materias necesarias, tener cumplido el servicio social y cubrir alguna de las modalidades de titulación.

Quien llene esos requisitos, puede además solicitar su cédula profesional ante la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública.

(“Desde 1945, La Dirección General de Profesiones es la unidad responsable de vigilar el ejercicio profesional, además de ser el órgano de conexión entre el Estado y los Colegios de Profesionistas, ello con el fin de dar certeza a la sociedad de que quienes se ostenten como profesionistas, cumplen con la formación académica necesaria y los requerimientos legales para ejercer una profesión.”).

La propia Oficialía Mayor de la Universidad Veracruzana, que es la dependencia responsable de los procesos de titulación, hace el trámite ante Profesiones de la SEP, y es costumbre -aunque no ley- que se le entreguen al mismo tiempo ambos documentos (título y cédula) a los nuevos licenciados, maestros o doctores.

No fue el caso del alumno Rogelio Franco Castán, quien presentó el pasado 14 de octubre su examen profesional (si se le puede llamar así, porque se tituló con el procedimiento de presentar aprobado el 50% de los créditos de una maestría) y solicitó que se le diera el título lo más rápido posible, porque lo necesitaba para completar cierto expediente personal que le piden en Gobierno del Estado. Entonces, actualmente tiene su cédula en trámite, que le será entregada apenas la reciba la autoridad universitaria.

Lo cierto, lo cierto, lo cierto, es que el licenciado Rogelio Franco Castán cubre los requisitos legales y constitucionales necesarios para ocupar el puesto de Secretario de Gobierno, que le encomendó el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares a partir del 1º de diciembre pasado.

No hay más. Lo legal es lo legal.

Lo otro, las consideraciones que se basan en un sustento moral, ético, de apariencia (quieren hacer valer aquella frase romana de que la esposa del emperador, además de “ser” honesta, debe “parecer” honesta) son razones sin sustento jurídico, que buscan un caminito en donde no hay sendero posible.

Ante la premura de la situación estatal; ante el desastre financiero que tiene en la quiebra al Gobierno (Tula dixit); ante lo imperioso de tomar acciones efectivas en tantos frentes (economía fallida, inseguridad, un campo improductivo, infraestructura vial por la calle de la amargura, desempleo creciente, rabia social), lo único posible es la acción inmediata. Sustentar -como quieren algunos- cada nombramiento, cada acción, cada propuesta y cada programa con todas las consideraciones cívicas, morales y hasta espirituales, es imposible en este momento de crisis, de urgencias.

¿Que el Secretario de Gobierno tiene un título tempranero? ¿Que se lo entregaron con mucha rapidez en la UV? ¿Que al documento le falta un cierto añejamiento para que, además de ser legal, sea también moralmente válido?

Como que son muchas minucias con las que perderían un tiempo valioso los funcionarios de este gobierno, que tiene ante sí el reto más formidable en la historia de los gobiernos estatales.

Igualmente, los funcionarios universitarios ya no deberían perder el tiempo tratando de explicar lo que no necesita explicación.

Si estuvo plano, para qué buscarle chipotes.

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