Una interpretación aproximada al origen de casos como el de los 15 años de Rubí, pudiera buscarse en el seno de una sociedad inmersa en  problemas de todo tipo, que aprovecha la menor oportunidad para fugarse de esa incómoda realidad; de allí que atiende con fruición cuanto se difunde en las redes sociales y la televisión. En el fondo de ese contexto existe enojo ciudadano, desesperación familiar por cuanto ocurre en su entorno que, cual hojarasca seca, está pronta a incendiarse. ¿Qué ocurriría en México si por efectos de la llamada viralización, la inconformidad de la sociedad se orientara en protestas multitudinarias contra el gobierno? ¿Obligado por esa presión el gobierno atendería de inmediato la voz popular? Ese fenómeno ha ocurrido en otros países donde la ductilidad de las masas se ha movido según el interés de quienes las motivan e impulsan. Parece que México ya no es inmune a esa posibilidad.