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La caída del prófugo (4)

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El inmenso aeropuerto de Santiago le recuerda los consejos que dio a Alex cuando llegó a la Xunta. Para progresar había que hacer las cosas en grande. Si vas a gobernar pensando en pequeñeces, siempre pequeño te verán los demás. Así jamás te tomarán en cuenta y cuando piensen en ti, se acordarán del político que te impulsó al cargo. Yo quiero que mi marido supere a quien le entregó el poder y a todos los gobernantes que ha tenido la comunidad.

Por ahora, podrán criticar los pocos vuelos que llegan aquí, pero en unos años, sé que aterrizarán muchas naves. Yo nunca me he equivocado, reflexiona convencida, mientras toma un café. Sus pensamientos la llevan a recordar que ese aeropuerto fue construido por sus amigos brasileños, pero a diferencia de los negocios que Alex hizo con ellos, ahí, en Compostela, sí habían encontrado la manera de enterrar la corrupción.

Desde el interior del restaurante, Gabriela mira la pista principal. El grueso cristal disminuye el ruido de las aeronaves al aterrizar. Observa a lo lejos un avión que desciende. Es de sus padres, que llegan de la Argentina a pasar unos días con ella. Deja sus meditaciones y hace una seña a sus ayudantes. A continuación, caminan a la sala de espera.

¡Papá, qué alegría! ¡Mami, ya quería verlos!, les dice emocionada cuando se encuentran. Deben estar fatigados. Sí, hija, imagina quince horas de vuelo, con escala en Recife, le contesta Matías.

Suben a la berlina y toman la carretera rumbo al chalé, seguidos por el auto de los guardaespaldas. Mientras ella conduce, su madre se acurruca en el asiento trasero.

Ya tenemos muchos clientes, hija, le dice Matías. La estancia que compramos en Mar del Plata, se encuentra en la zona de los mejores pastos del país para la cría de caballos. Cuando nos visites, te enamorarás de las vistas panorámicas de las llanuras y de la Sierra de los Padres. Además, la urbanización tiene un club de golf de 18 hoyos.

Te vas a sorprender de la extensión de la tierra; allá, uno descubre que le falta vista para contemplar el paisaje. Ahora entiendo por qué los amigos y colaboradores de Hitler y de Franco se marcharon a ese país para disfrutar los logros de su trabajo. Es lo más hermoso que existe, allá te pierdes en la lejanía, ya verás. ¿Y qué crees?, resulta que en esa región, se llenó los ojos el mejicano que escribió el Martín Fierro, un tal José Hernández, minero de Real del Monte.

En esas hectáreas tenemos los mejores caballos pura sangre, para carreras o para equitación artística. Para uso deportivo, estamos criando animales de la raza polo. Por cierto, ya investigué lo que me pidió Manu. Podrá competir en Barcelona y en el Abierto de Palermo, en Buenos Aires. Dicen que en esos sitios se está jugando el mejor polo del mundo. Eso sí, los caballos hay que mandarlos por avión. Son muy delicados. El polo es glamour, hija, ya sabes. Pero no te preocupes, yo me encargo de esas minucias; lo importante es verte feliz, princesa.

Vas a tener que comprar un piso en Barcelona. Busca en las Ramblas, y no olvides saludar a tu madrina; dile al tío, que siempre le estaré agradecido por las inversiones que logramos en el parque agroindustrial. Ah, infórmale que ya localicé las diez mil hectáreas que quiere en Santa Cruz, en plena sabana de la Patagonia. Ya le conseguí buen precio, barato; allá puede enviar a su muchacho, si es que no lo va a mandar a otro lado.

Te acuerdas de Cuevas de Almanzora. Ahora es diputado; me dijo que tiene familia en Centroamérica. Platica que se encontró a Alex en un aeropuerto y que se dirigía a Libia, con unos generales de Muamar Gadafi; cargaba cuatro maletas. Los enlazó el hermano del presidente de Nicaragua.

Lo que no sabe Alex, es que ese dictador que ahora lo protege, aunque no quiera relaciones con España, es el comerciante más bribón que existe sobre el planeta. Por unos millones de euros, lo sube a un avión militar y lo entrega en cualquier parte del mundo. Pero tu ex marido es necio, debería acercarse al tío. Esa basura nunca va a igualar, y menos superar, a quien lo creó.

¡No me hables de Alex, papá! Eso ya quedó atrás, ya lo superé. Y además no quiero problemas con Manu. Sabes lo que me cuesta esa relación. Déjame ser feliz una vez en la vida, por favor. Además ya llegamos a casa y prefiero que coman y descansen, porque en la tarde te quedas con tus nietos y yo iré con mamá al spa. Sí, chiquita, perdona mi impertinencia, contesta Matías. De ellos yo me encargo, quiero ver a los niños y darles lo que les traje de América.

Horas más tarde, después de comer y tomar la siesta, Gabriela busca a su madre y tras ponerse de acuerdo, salen entusiasmadas con destino al mall, custodiadas por un séquito de ayudantes.

¡Mami, que lindo abrigo de bisonte! Le dice a su madre, al hacer un descanso durante las compras en el centro comercial. Y el bolso y los zapatos. Oye, ese Hublot de oro y diamantes, es divino. No sabes cuánto me fascina que ustedes vivan en Argentina; allá siguen el estilo europeo, no el mal gusto norteamericano, el de la ropa industrial, las hamburguesas y los refrescos de cola. Así sí me agradará visitarlos este invierno que viaje a Calafate. No has visto mi clóset, es dos veces más grande que mi dormitorio; dice Manu que parece que tengo una tienda de ropa junto a la cama. ¡Ah, ese hombre, mamá, me trae loca, y no sabes cómo me trata!

¡Cállate, niña, compórtate, me ruborizas! Te invito una caña y unos percebes y me platicas de tu nueva vida, le dice su madre.

Como colegialas despreocupadas, las dos mujeres caminan hacia un restaurante, disfrutando las luces de los aparadores y la algarabía navideña de la concurrencia.

Continuará…

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