Un pasaje ominoso para el periodismo veracruzano es la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP), creada como un mero artilugio mediático de un gobierno caracterizado por la represión y la violencia ejercida precisamente contra los periodistas.

Nació deforme gracias a los malos oficios ejercidos por una mujer también ahora identificada con lo peor de la corrupción, Gina Domínguez, que introdujo en el presupuesto público, vía la CEAPP, a personajes cuyo menor interés es, ya no digamos atender y proteger a los colegas, sino siquiera descender a conocerlos y tratarlos.

La percepción general es que, con la renovación, el presupuesto de la Comisión, que en realidad es nimio, pero apetitoso para los estándares de las percepciones de los periodistas, desató toda clase de ambiciones. Y así, vimos que hasta comunicadores otrora mesurados, perdieron la compostura y se lanzaron a la conquista del botín, aspirando a formar parte de la nómina gubernamental.

La integración de quienes ahora dejarán de vivir en el error para ser parte de la CEAPP está siendo criticada. Y cómo no. Aparte de alguno que carece de legitimidad en el oficio, hay por lo menos dos caracterizados por pertenecer a medios teñidos de duartismo o con escritos que hace pocos meses aún destilaban miel por el robusto cordobés que desgobernaba la Entidad, y que ahora, al haber virado hacia el nuevo rey, reciben premios a su conducta relapsa.

La CEAPP fue creada para justificar a un régimen violento, corrupto y enemigo de la libre expresión. Ojalá que su continuidad no sea el anticipo de que el régimen actual también requiere esa justificación.