Crónicas urgentes
Por Claudia Constantino
09 de diciembre de 2016

 

Para lograr la credibilidad se requiere decir la verdad siempre; para perderla, mentir una vez, y que los demás lo adviertan. Cuando el gobernador Yunes era candidato, señaló día tras día las omisiones, transgresiones y manipulaciones en que incurrieron y permitieron los dos últimos gobernadores priistas. Al nombrar a su Secretario de Gobierno, de quien era bien sabido que no contaba con título universitario ni cédula profesional, le permitió sacar el título expedido por la Universidad Veracruzana, treinta y cuatro días antes de ser nombrado titular de tan importante cargo, lo que desató todo tipo de suspicacias.

Al más puro estilo duartista, Rogelio Franco Castán no se da por aludido por la enorme ola de preguntas que la fecha de su título trajo consigo. No vayan a pensar que presentó su historial de materias cursadas en tiempo y forma, con calificaciones y créditos completos, e hizo lo necesario para dejar bien clara la legalidad de su titulación. Tampoco parece preocuparlo el alud de críticas de sus adversarios políticos, y de la gente que ha lastimado a lo largo de su consabida carrera política, ni siquiera porque afecten al gobernador y ponga en entredicho a la rectora de la máxima casa de estudios del estado y el prestigio de la institución.

En vez de eso, en actitud de “lo caido, caido”, está abocado a las primeras actividades propias de su encomienda, con “renovada imagen”, y una pléyade de simpatizantes sueltos en las redes sociales, el medio de comunicación preferido de esta administración, echándole porras y recodando, a quien por accidente los lea, el excelso líder que es este secretario.

Pero son muchos quienes recuerdan a la perfección la carrera del servidor público yunista, desde que cargaba las maletas a Arturo Herviz, pasando por todos los cargos que ha ocupado y los lazos inolvidables con su compadre y antecesor en la Secretaría de Gobierno: el inefable Erick Lagos, quien por no poco tiempo fue “su gallo” para suceder a Javier Duarte de Ochoa.

Dicen que el gobernador Yunes tiene dotes de buen policía, y que dispone de toda la información que necesita. Tras esta consideración, es un hecho que la opinión publica quizá nunca sepa la verdad, menos si desde el poder se empeñan en ocultarla.  Pero lo que sí es seguro es que ha quedado de manifiesto que pagar la cuota política de la tal alianza, PAN-PRD, que llevó a Miguel Ángel Yunes al triunfo, le está saliendo muy cara.  Permitir una duda tan razonable sobre si el Secretario de Gobierno cumple con lo establecido en el artículo séptimo de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo del Estado de Veracruz, es poco favorable a la imagen de gobierno honesto que se han propuesto ejercer. Pero lo grave, en realidad, es la cantidad de gente que conoce hace tanto al número dos del organigrama del gobierno del estado y hoy se mofan de este movimiento político que, viniendo de alguien tan avezado en el tema, como el gobernador, sería incomprensible, excepto porque es evidente que tiene que pagarle al PRD su cuota, y pues este señor es “la mejor carta que tienen”.

Hay quien opina que no hay de qué preocuparse, sino sólo “dejar que las cosas sucedan” y, una vez que termine la luna de miel de esta alianza, cada uno comenzará a mostrar lo que es y realmente puede hacer, más allá de los discursos campañeros. Millones de veracruzanos lo quieren ver.  Son muchos quienes han apostado por este cambio. Por el momento, todos se debaten entre creer o no que no hay discrecionalidad en la Ley, y menos que ha sido quebrantada, para darle paso a un personaje tan controvertido y con tan poca estatura política y moral.

Dijeron que  “Veracruz no aguanta más”, y en eso tienen razón.  Dijeron que venían a hacer cambios de fondo, y lo seguro es cuán observados están y seguirán. Confiemos en que lo saben, y ello los obligue a tener cuidado; el cuidado que no ha tenido el secretario de gobierno, empeñado en ocupar la silla como sea, le cueste a quien le cueste.

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