ADELANTE
Por Pepe Valencia
13 de diciembre de 2016

Comentaré esta vez las distintas hipótesis que el imaginario colectivo ha tejido en torno a la suerte de Javier Duarte de Ochoa. Un sinfín de versiones circulan al respecto. Algunas descabelladas o como extraídas de una película de misterio. Otras más lógicas y apegadas a la realidad.

Van desde la creencia de que será detenido de un momento a otro hasta la de que nunca será encontrado ni vivo ni muerto, porque lo protegerán desde el más alto nivel político, o precisamente porque a muchos poderosos no conviene que sea encarcelado e interrogado, ya que revelaría información delicada que salpicaría a todos los beneficiados con el dinero que manejó y repartió a manos llenas.

¿Recuerdan a aquel diputado Manuel Muñoz Rocha, de los tiempos del presidente Carlos Salinas de Gortari, involucrado en el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu? Desapareció y nunca más se supo de él.

Lo más seguro es que lo ejecutaron y desaparecieron su cadáver. Los muertos no hablan.

Por Javier Duarte ofrece la Procuraduría General de la República 15 millones de pesos de recompensa, cifra tentadora para cualquiera. Incluso para escoltas y demás empleados por muy bien pagados que estén. Lo delatarían sin el mínimo remordimiento y quizás hasta con morboso gusto.

Y una cirugía plástica conlleva riesgos que más vale no correr.

Para blindarse en caso de que planeen eliminarlo antes de que sea capturado y proporcione información comprometedora, necesita –tal vez ya lo hizo—esconder bajo siete llaves y ante personas de su más absoluta confianza, pruebas y nombres de todos los coludidos y beneficiados, responsabilizándolos de lo que pudiera ocurrirle a él y a su familia.

De lo contrario, su vida vale menos de un peso. O sea, nada.

Los momios en este momento se dividen entre quienes apuestan que pronto será detenido o que se entregará, y los que juran que jamás lo hallarán.

No sería el primero en desaparecer sin dejar rastro alguno. Si lo dudan pregunten a las miles de familias que lloran y buscan a seres queridos, que un día salieron de su hogar y jamás retornaron.

En fin, acaso un día de estos se nos informe que fue aprehendido y llevado a la justicia para rendir cuentas y reintegrar lo que a los veracruzanos pertenece.

¿O ustedes creen, amigas y amigos que nos leen, que del prófugo ex gobernador Javier Duarte de Ochoa nunca sabremos su paradero?