CAMALEÓN

Relevo, transición, alternancia, transformación, cambio etc., son algunas de las expresiones que inspira la toma de posesión de Miguel Ángel Yunes Linares como gobernador del Estado de Veracruz para el ejercicio bianual 2016-2018. La relevancia de este acontecimiento se destaca por el contexto social, político y económico que vive Veracruz y, por supuesto, la república mexicana. No es posible olvidar que desde 1946 nuestro estado fue gobernado por un solo partido político, el Revolucionario Institucional, y que por acumulación de circunstancias en el devenir de un mal gobierno, aunadas las relativas al factor oposicionista ahora presenciamos un relevo con alternancia que por sus características implica transición.

Las circunstancias que modelan nuestro entorno refieren hartazgo social, enojo ciudadano, gobiernos de corrupción extrema, desempleo, estancamiento económico, amiguismo y continuismo políticos, elite gobernante dedicada al pillaje, etc. Ante este escenario la oposición formuló un certero diagnóstico acerca del contexto sociopolítico, y combinado con el voluntarioso activismo de un actor político que con la experiencia de anteriores intentos fallidos intuyó la oportunidad de alcanzar el triunfo, al grado de resistir una intensa metralla de injurias en su contra durante la campaña electoral. La meta fue coronada este primero de diciembre.

Esa fue la primera etapa de un porvenir que se antoja incierto, ¿logrará Miguel Ángel Yunes Linares consolidar para Veracruz un mejor futuro? Nadie en su sano juicio querrá que al flamante gobernador le vaya mal, porque nunca como ahora se ajusta la consigna de que si le va bien al gobernante le va mejor al pueblo.

Lamentablemente, la exigente realidad va más allá de los buenos deseos. Yunes Linares recibe una administración enmarañada tras doce años de irresponsable abandono y con fuerte tufo a corrupción, con finanzas públicas, sin eufemismos, en bancarrota, con más de la mitad de la población en condiciones de pobreza, con expedientes sin resolver diseminados por todo el territorio de la entidad, con el orden de gobierno municipal depauperado y permeado por la corrupción, por la alarmante inseguridad Pública que genera grandes desasosiegos al interior de la sociedad veracruzana.

Desde la ceremonia en que Yunes Linares toma posesión formal del encargo se notó el cambio, una nueva clase política arribó a la más alta esfera del poder veracruzano; asientos y pasillos se nutrieron de panistas y perredistas locales y venidos de la Ciudad de México la mayoría, fue el anuncio anticipado de una alianza entre dos corrientes del espectro político-ideológico mexicano, PAN-PRD, anunciaron ya virtual alianza cuyos detalles corren a cargo de las circunstancias.

Ya conocemos al nuevo equipo de gobierno en el que se apoyará Miguel Ángel Yunes Linares para destrabar el nudo gordiano que mantiene atada al atraso socio económico a la entidad veracruzana.

No todos los nombres que se dieron a conocer inspiran confianza pues no se perciben a la altura del reto contemporáneo, otros no están ubicados en el perfil que se les conoce, pero debe concederse el beneficio de la duda y tiempo para conocer su aplicación al trabajo, y al propio titular del Poder Ejecutivo (el responsable histórico) le conviene llevar una permanente evaluación del desempeño de sus colaboradores. En última instancia el gobernador sabe por qué los escogió y ubicó donde ahora están, a nadie más que a él le interesa que respondan a la confianza porque está en juego la palabra comprometida, el futuro de Veracruz y, desde luego, un proyecto político.

Una vez cumplido el sueño personal, ese futuro más inmediato lo conforma la implementación de acciones para reactivar la economía veracruzana, la luna de miel es corta, las expectativas son la medida de la satisfacción o la decepción popular. La perspectiva a futuro incluye en lo inmediato la elección municipal de 2017, y lo mediato está conformado por la elección del nuevo gobernador, de diputados locales, de diputados federales, de senadores y del presidente de la república en 2018. Habrá quien, para distraer la atención sobre esta perspectiva, traiga a relación aquella frase de Bismarck: “El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”, pero la realidad política es una sola, aunque con diversidad de circunstancias.

En última instancia, la tesitura en que nos encontramos obliga a asirnos a la esperanza, ya no hay de otra; no existen más prioridades que el bienestar económico, la salud bien atendida, la paz y tranquilidad social, a Miguel Ángel Yunes Linares le corresponde la responsabilidad de atender esos elementos, tarea nada fácil, y no es superfluo ni obsecuente desearle éxito, todo el que sea posible, porque en ello va acoplado el destino de Veracruz.

alfredobielmav@nullhotmail.com

diciembre- 3- 2016.