Mientras la población veracruzana sufría los sinsabores de la inseguridad, expresada en robos a domicilio y comercios, asaltos a mano armada, homicidios sin número, levantones y secuestros por doquier, Duarte de Ochoa preparaba su futuro inflando con miles de millones de pesos su dorado colchón jubilatorio; nada le importaba, ni los campesinos ni los obreros veracruzanos, ni los estudiantes becarios, tampoco la angustia de proveedores descapitalizados a la espera de su pago, menos la incertidumbre de los pensionados, porque su prioridad se centró en su bienestar personal y familiar. La inseguridad en la zona sur, la que “blindó” innumerables veces nunca fue realidad porque, como asegura Yunes Linares, no cumplía los compromisos que se tomaban en las reuniones con la Marina y el Ejército. Ahora a recomponer lo descompuesto.