Primero fue el cuento de que Javier Duarte de Ochoa aún contaba con la protección del fuero, un asunto irrelevante cuando solo faltaban cuatro días para concluir el periodo; después el abogado que supuestamente representa a Duarte, Alejandro Jaimes, aseguró que este no se entregaría como lo hizo Guillermo Padrés alegando ausencia de autonomía de las autoridades para un juicio justo y que la PGR carece de pruebas contra su cliente. Con esos argumentos el abogado introduce interrogantes sobre lo que realmente ocurre a Duarte, cuyas culpas han sido evidenciadas con una profusión de pruebas que no admiten duda alguna sobre su culpabilidad. ¿De qué se trata la estrategia del abogado? He allí la cuestión.