Las dificultades económicas que alcanzan rango de desastre financiero en  Veracruz, sumadas a los ajustes de un nuevo régimen, a su vez conformado por dos partidos con estilos aparentemente antagónicos, está causando que el nuevo gobierno no pueda estar cumpliendo los compromisos de carácter político que asumió el candidato con las distintas y voraces facciones que le dieron su apoyo, pero que ahora exigen posiciones y prebendas.

Inocente de aquel que crea que los actores políticos del cambio participaron sólo por lograr beneficios para los gobernados. Lo que anhelaban y exigen desde los altos mandos directivos partidistas hasta las tropas de infantería, son puestos, cargos, empleos y remuneraciones. Ese es su cobro por el trabajo realizado durante los meses de ardua campaña en el que se la jugaron por proyectar la figura del hoy gobernador hasta la cúspide.

Y eso es lo que no está cumpliendo el mandatario. La situación es tan compleja, que a los 4 o 5 grupos políticos que de por sí tiene el PAN, incluida la propia facción Yunes, se suman los voraces pseudoizquierdistas del moribundo PRD, acostumbrados a vivir en forma regia del erario público, y que ahora creyeron ver llegada la suya.

Por si la escasez pecuniaria de Veracruz fuera poca, el mandatario ha tomado la decisión de incorporar en puestos clave a poblanos, defeños, chihuahuenses y otros gentilicios, con lo que se reducen más las posibilidades para los locales.

No les importa a éstos que el régimen ni siquiera tenga un mes en operaciones. Ya hablan de que no hay cumplimiento.