El rumbo que le dio el Gobierno Federal al tema de las gasolinas rebasa la simple impopularidad de la medida para convertirse en repudiable. Pareciera que el régimen de Enrique Peña Nieto tiene urgencia por sepultar los residuos de priismo que aún mantienen el control político en estados y municipios, para acabar de una buena vez con cualquier posibilidad electoral para los siguientes ejercicios municipal y federal.

Si alguna probabilidad hubiese existido de que el tricolor mantuviera la fuerza que le queda, luego de la inmisericorde sacudida de este 2016, se está agotando. La acción gubernamental da la razón absoluta a Andrés Manuel López Obrador, que no tarda mucho en arremeter vía su campaña mediática, para hacer sentir a los electores que siempre ha tenido razón, y que el régimen de los “puercos y cochinos, cerdos y marranos”, sigue torturando al pueblo sin compasión.

Bien pueden decirle adiós a sus aspiraciones Miguel Ángel Osorio Chong y Eruviel Ávila, y ni hablar de Rosario Robles, Manlio Fabio Beltrones o Luis Videgaray, que van más abajo en las preferencias.

El “megagasolinazo”, como lo denominó Reforma, fortalece de manera contundente a Morena y beneficia al PAN, cuya meta máxima es regresar a Los Pinos con Margarita Zavala o con Ricardo Anaya.

El pueblo no sabe de macroeconomía, bandas de fluctuación, diferenciales méxico-estadounidenses, IEP´s o cualquiera de esas sofisticaciones; el pueblo sólo sabe de que habrá menos comida y satisfactores para la familia.