Palabras Claras 
Por José Antonio Flores
02 de diciembre de 2016

No hay historia, hay historias. Lo dijo hace años el periodista Froylán Flores Cancela. Es posible que el reportero haya repetido esa frase a Dante Delgado, Fidel Herrera y Miguel Ángel Yunes, cuando lo visitaban en el Diario de Xalapa o en el Punto y Aparte. Lo que sí se sabe, es que en distintas fechas, cada uno de ellos le compartió su sueño de llegar a ser gobernador del estado de Veracruz.

Y lo lograron, con todo y sus historias. Pero Dante Delgado pisó la cárcel. Fidel vivirá arrepentido de haber impulsado a un delincuente peor que Santa Ana. A Miguel, que ayer rindió protesta, le tocaron pocos años de gobierno y pocos recursos. Si se esfuerza, en dos años puede dejar buenas historias para recordar.

Eran las once de la mañana en el Congreso del Estado. Los Yunes rojos, Héctor y Pepe, aunque senadores, no tenían cabida en el recinto. Tuvieron que retirarse antes porque era el día de los Yunes del estero. También los priistas más comentados, aun siendo diputados, prefirieron ausentarse del salón de pleno. El de ayer, era un día completamente azul, aunque con leves destellos amarillos.

Un día perfecto para Miguel Ángel Yunes, quien tuvo en Aurelio Nuño a un representante presidencial de lujo. La mañana era suya y de su gente, pletóricos de triunfo. Media república estaba representada por los gobernadores de varias entidades federativas y por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, así como por prominentes panistas y dirigentes petroleros.

Lo acompañaron los principales exponentes de las fuerzas armadas. Líderes nacionales del PAN y el PRD estaban presentes. En las filas de enfrente, Ricardo Anaya cerca de la familia del gobernador y Margarita Zavala junto al representante del Clero y sus bendiciones. En el auditorio, la mitad de los principales prospectos a la próxima presidencia de la república (los mencionados Anaya y Zavala, además de Moreno Valle y Mancera). Los mejores augurios para el gobernador Yunes Linares.

En el discurso habló de muchas cosas: compartió su satisfacción y que el de ayer era su mejor momento en la vida; explicó el proceso para descubrir, perseguir y castigar al delincuente Javier Duarte; la recuperación de más de mil doscientos cincuenta millones de pesos que aquel se había robado; con las escrituras de inmuebles recuperados, demostró que había pasado por Patrimonio del Estado y que el “papelito habla”.

Propuso un pacto con la sociedad y habló del sueño de 8 millones de veracruzanos, de su preocupación y acciones para contrarrestar la pobreza, con un alto enfoque social.

También dijo que el quebranto financiero era superior a 100 mil millones de pesos. Hizo una fuerte crítica al gobierno anterior y al de Fidel Herrera, insistiendo en la persecución a los corruptos. Ahí fue donde enfatizó que su gobierno exigirá el cumplimiento a la ley y al orden. Recalcó que habrá austeridad, trabajo, certeza, seguridad jurídica y seguridad pública.

El de ayer fue un buen discurso y la exhibición de una correcta imagen como gobernante, que inspiró confianza en el futuro y deseos de que su intención pase a la historia buena, como él ha ofrecido reiteradamente.

Hace seis años Javier Duarte también echó su resto, dio un discurso aceptable y ofreció mejorar los indicadores de desarrollo social en los 100 municipios más rezagados, con el compromiso escrito de disminuir la pobreza a la mitad. Los suyos fueron compromisos superiores e inéditos.

Sin embargo, los compromisos y la vehemencia de su toma de posesión le duraron sólo hasta el mes de octubre de 2011, cuando expidió la ley estatal de desarrollo social. A mediados de 2012, ya en plena jauja familiar, olvidó por completo el discurso inicial.

Para ese tiempo, empezó a realizar las primeras transferencias electrónicas a las empresas fantasma, desde donde llenaba sus alforjas. Para robar del erario y transferir a sus cuentas o mecanismos de inversión, sólo requería de 65 segundos, informaron ayer los medios de comunicación nacionales.

Duarte no tuvo una parte noble para dejar en la historia veracruzana, pero sí sus innumerables historias de corrupción, desorden e impunidad.

En algún momento, lo que acontecía ayer en el Congreso recordaba el título de la película “El Castillo de la pureza”, basada en el libro La carcajada del gato, que escribió Luis Spota. A dos kilómetros de allí, mientras se esperaba el discurso del gobernador Yunes Linares en la Plaza Lerdo a medio día, los betuneros del parque Juárez ofrecían gratis la boleada hasta las cuatro de la tarde.

Coincidiendo con la asunción de Miguel Ángel Yunes Linares como gobernador de Veracruz, una noticia económica cimbraba al país. La fuerte caída del peso, provocada por el peso del anuncio de renuncia de Agustín Cartens al Banco de México.

En efecto, México sí se cimbró. Y Veracruz hundió su economía un poco más, mientras espera las mejores luces de su gobernador.