Están comenzando a menudear las críticas al gobernador Miguel Ángel Yunes Linares por los incumplimientos en diversos compromisos, especialmente con el sector burocrático del Estado, pero también con sectores productivos y sociales. Parece haberse pasado la euforia del cambio y el rélax que trajo el fin de un régimen nefasto y lleno de amarguras y sinsabores.

La realidad se impone. La falta de dinero ha traído a la materialidad a los entusiastas por el cambio. Si no hubiera ganado Yunes, cualquiera otro hubiera caído en lo mismo. La cuestión no es de voluntad, sino de imposibilidad, porque la rapiña de los rateros duartistas dejó en la inopia las arcas del estado.

Lo que llama la atención es que algunos periodistas ya estén desgarrándose las vestiduras a escasas semanas del inicio del régimen. Es imposible pensar que era materialmente posible resolver todo con una varita mágica. En el caso de algunos comunicadores, lo que se echa de ver es que presionan para que se abran las puertas de los convenios y acuerdos.

Pero lo que sí se ve cierto es que el equipo del gobernador no es lo óptimo deseable.

Fuera del suficientemente cuestionado y poco honorable secretario de Gobierno, están saliendo los trapitos de la rectora de la UPAV, su falta de liderazgo y su poco compromiso social; tampoco se ve el coordinador de Comunicación Social, ni siquiera para comunicar lo que hace su jefe pues no ha podido alimentar las páginas web de su oficina; y la Secretaría de Seguridad Pública se vio muy escasa en los recientes saqueos, donde el mandatario salió a enfrentar las rapiñas, pero se vio lentitud y poca presencia policiaca, como que los hechos los agarraron mal parados.

Y en la rueda de prensa no tenían siquiera un acuerdo coherente, sino que cada uno pensaba que los demás tenían las respuestas o debían responder.