De similar manera a como le ocurrió a Fray Fernando Teresa de Mier después del sermón sobre la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1794, ante autoridades religiosas y el Virrey a quienes no gustaron sus reflexiones y por ese motivo iniciaron feroz persecución en su contra, a la religiosa argentina Lucía Caram radicada en Barcelona se le apareció la espada de la censura tras aseverar que José y María tenían una relación de pareja normal”, es decir, “tenían sexo”, como cualquier pareja, y que el mensaje de la virginidad “no tiene credibilidad”. De inmediato obtuvo respuesta del Obispado desautorizándola: “María siempre fue virgen, esta verdad de fe fue recogida y proclamada por el Concilio II de Constantinopla, siendo el primer dogma mariano y compartido por los cristianos católicos y ortodoxos”. Lo dicho es muy claro, es “asunto de fe”.