Frank Barrios Gómez

El hombre es el rey y sacerdote de la naturaleza, dijo el rey de la Tierra, Melquisedec. ¿Quién es este enigmático personaje? En varios pasajes de la Biblia, se le menciona como sumo sacerdote.
Después de la resurrección, Jesús de Nazaret fue hecho sumo sacerdote, según el orden de Melquisedec. (Hebreos 6.20).
En Génesis 14.18, vuelve a mencionársele. “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del rey altísimo, sacó pan y vino y lo bendijo diciendo: “Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador del cielo y la Tierra, y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos…”
Sólo pocas personas han tenido contacto directo con este personaje bíblico, el cual se dice es un inmortal, que vive en el centro de la Tierra, en esa región que se llama “Agartha”.
Ferdinand Antoni Ossendowski, escritor polaco, causó revuelo con sus escritos en base a sus viajes al Tíbet, Mongolia y Siberia. Un buscador de los grandes misterios, que se interesó en investigar qué hay de cierto, sobre la existencia de Melquisedec.
Le tocó viviré experiencias emotivas, las cuales menciona en sus libros. En “Hombres, bestias y dioses, narra sobre lo investigado hacia Melquisedec. Existe una leyenda en esas tierras.
Al visitar al Hutuktu de Narabanchi, en su monasterio, en 1921, le indicó que Melquisedec se les apareció a los lamas de ese monasterio, 30 años atrás e hizo la siguiente profecía. “Cada día más se olvidarán los hombres de sus almas, y se ocuparán de sus cuerpos. La corrupción más grande reinará sobre la Tierra. Los hombres se asemejarán a animales feroces, sedientos de la sangre de sus hermanos. La media luna se borrará, y sus adeptos se sumirán en la mendicidad y en la guerra perpetua. Sus conquistadores serán heridos por el sol, pero no subirán dos veces; les sucederá la peor de las desgracias, y acabarán entre insultos a los ojos de los demás pueblos…”
Y es lo que estamos viviendo en estos momentos. Países sumidos en la miseria, donde sus gobernantes son los responsables de esa situación, por enriquecerse a costillas del pueblo.
Poco o nada les imposta a estos zánganos (gobernantes), que la población se nutra de educación, recortando el presupuesto anual para la educación, y aumentando desconsideradamente los impuestos, para seguir gobernando como reyezuelos.
No hacen nada por preservar el planeta, como si fuera fácil decir que el día de mañana, nos cambiaremos a un planeta vecino, para colonizarlo y habitarlo, en vez de cuidar el que tenemos en estos momentos, y es el único hogar que tenemos en el Universo.
¿Qué tanto conocemos sobre nuestro hogar en el Universo? Eso no le interesa a un gobierno corrupto que se conozca en las escuelas de primaria, secundaria y preparatoria, donde se forman robots para servir al sistema (corrupción).
Si supiéramos más sobre nuestro hogar en el cosmos, lo cuidaríamos como a la niña de nuestros ojos, ya que quedaríamos maravillados de la majestuosidad del vacío que nos rodea, y nos daríamos cuenta de lo insignificante que somos en el Universo.
Carl Edward Sagan, norteamericano astrónomo, astrofísico, cosmólogo y escritor, ha sido uno de los pocos que se preocupó, en hacer llegar a manos del pueblo este tipo de conocimientos, de una manera sencilla, para que valoremos que en realidad somos microbios, que viven en la superficie de la Tierra, y nos la estamos acabando. Además de darnos a conocer lo infinitamente pequeños que somos en el cosmos, así el individuo presuma de poderío intelectual y material. Al final de la vida, nos reducimos a cenizas, pasando a ser parte de la historia.
Empecemos por conocer un poco más sobre nuestro hogar. La Tierra tiene un radio de 6,400 kilómetros, y tarda 24 horas en girar sobre su propio eje. Esto nos indica, que estamos girando a una velocidad de 1,675 kilómetros por hora. Si detuviera abruptamente su velocidad giratoria, de inmediato saldríamos disparados al espacio, reduciéndonos a partículas de polvo.
Su movimiento de traslación, dura 365.26 días, y lo hace viajando a 107.000 kilómetros por hora. Hay que tomar en cuenta que nada es estático, y nuestra galaxia, en la que se encuentra la Vía Láctea, supera fácilmente esa velocidad, porque en su movimiento de traslación alrededor del sol central de la galaxia, Sirio, lo hace a una velocidad de 810.000 kilómetros por hora. Nuestro Sistema Solar tiene el tamaño de una pulga, si lo comparamos con las galaxias que le rodean, y por supuesto, dentro de esa pulga está un microorganismo llamado Tierra, y los habitantes de ese microorganismo, somos los orgullosos seres humanos, que nos creemos los únicos con vida inteligente en el cosmos. Hasta donde llega nuestra presunción e ignorancia.
Nuestro sol se localiza a 27 mil años luz del centro de la galaxia, y su movimiento de traslación lo hace en 200 años. Muchos no alcanzan siquiera 1/3 de vida de esos años, para darse cuenta de ello.
“Lo que sabemos es una gota. Lo que ignoramos es un océano” (Isaac Newton). Y dentro de nuestra ignorancia, nos sentimos reyes del Universo, con poder para destruirlo.
Todas las naciones con sus habitantes, gobiernos, hogares, pertenencias, guerras y pensamientos, se resumen a una insignificancia, que habita en un lugar del Universo, donde ni siquiera el hombre imagina el lugar que ocupa. El Universo es inmenso, pero inmensa es la persona que primero se dedica a escudriñar su Universo interior, para después lanzarse a la conquista de lo que está fuera de su cuerpo. Eso es lo que hace grande a cualquiera, que se dedique a querer trascender, y convertirse en rey y sacerdote de la naturaleza, como lo dijera Melquisedec, el genio de la Tierra.