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La prueba contra Duarte

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Tal Cual
Por Alberto Loret de Mola
22 de febrero de 2017

Tenemos la prueba irrefutable de su culpabilidad, le dijeron a Miguel Ángel sus colaboradores más cercanos. Con este elemento todo tendrá sustento. No habrá dudas de lo que usted afirmó durante su campaña y estos días de buen gobierno. El mandatario, quien cuenta angustiado los días que le quedan en Palacio, sonrió y salió como rayo a la habitación contigua para ver con sus propios ojos el hallazgo.

Diez teléfonos sonaron de manera simultánea a las tres de la mañana para una conferencia con una secretaria desvelada. Su voz eufórica se dirigió a los funcionarios del régimen para citarlos a una junta extraordinaria y urgente a las seis treinta horas de ese mismo día. Lugar: Palacio de Enríquez.

Esa noche fue muy larga. Para cuidar la terrible evidencia, veinte patrullas y un centenar de efectivos de la Policía y la Fuerza Civil rodearon cuatro cuadras a la redonda y formaron tres círculos de seguridad. Un helicóptero sobrevoló la zona cada diez minutos y luces de emergencia alumbraron cada rincón de la explanada Lerdo y del parque Juárez. A pesar del ambiente tenso soplaba un aire de alegría, vientos de buenaventura porque el jefe ya tenía en sus manos con qué hundir a Javier Duarte. Eso había trascendido y, por ello, desde tenientes y capitanes hasta el último oficial, todos eran Yunes. Lo cuidarían con la vida. Esa noche fue muy larga.

El más joven de los secretarios opinó que se limitara a dar la noticia y presentar “la prueba” en los noticieros nacionales matutinos.  Otro, que fuera en las emisiones de radio y televisión nocturnas para que los periódicos también llevaran el bombazo. Miguel Ángel, sin embargo, no estaba conforme. Era demasiado grande la evidencia para limitar su difusión a los medios de comunicación. Y, de pronto, le vino la inspiración.

De pie, el ya pronto exgobernador explicó sus planes al detalle: tú -le dijo al de Salud- deberás confirmar científicamente mi dicho. Tú -le dijo al Fiscal- deberás acompañar un peritaje que date con precisión suiza cuándo se generó “la prueba”. Tú, tú y tú, eligió tres al azar, organizarán una verbena popular en el estadio Heriberto Jara. Tú, le dijo a Clementina, no dejes que les falte el recurso. Tú le dijo a otro, encárgate de la comida. Quiero a todos los medios, nacionales e internacionales y electrónicos con vista privilegiada al estrado. Y, así, siguieron por ocho horas los acuerdos sobre el día y hora del evento, la actuación de la banda de guerra con sobrevuelo de los aviones de la Armada, la lista de invitados, los pambazos, la música de marimba, y un montaje corto del espectáculo Jarocho para amenizar la alegría popular. “En un gran día, no se puede escatimar” dijo de pie al terminar la junta.

Como una maquinaria perfectamente afinada, el evento se dio a pesar de que amenazaba lluvia. Ese día fue inhábil. Miles de personas llegadas de todos los rincones atestaron el polideportivo. Un micrófono acompañado de la rítmica batucada anunciaba a los grupos de asistentes que ingresaban: llega la delegación de la Huasteca y los aplausos. Nos acompañan los compañeros de Los Tuxtlas… y así, durante dos horas fueron ingresando asistentes llegados de todos los rincones de Veracruz. Todo era perfecto, como una maquinaria perfectamente afinada.

La entrada de Yunes al estadio fue apoteósica. Sonaron salvas de cañón a su paso. Confeti. Se entonó el himno nacional mientras la gente gritaba consignas de ¡muera Duarte, viva Yunes! La marimba tocaba la melodía Veracruz mientras los voladores de Papantla descendían en su circular periplo. Todo era felicidad y algunos hasta lloraban aclamando a su líder.

Por fin, el discurso. Miguel Ángel tras ser anunciado, se levantó y abrazó uno por uno a sus funcionarios, se dirigió al podio y aclaró la garganta ante el silencio sepulcral de todos los asistentes.

Veracruzanos y veracruzanas, hoy es un día histórico (aquí comenzó una recopilación de las raterías de Duarte y la remembranza del asalto al poder por parte de las fuerzas libertadoras comandadas por el ahora gobernador saliente) hemos encontrado la prueba irrefutable de todo lo dicho hasta el cansancio. Es tan contundente -prosiguió- que este día se escribirá en letras de oro en la páginas de historia de la entidad.

El secretario de Salud lo confirmó mediante exámenes biológicos y diversos peritajes, incluyendo el de ADN, dataron con precisión el hecho incontrovertible de la corrupción de Duarte.

Y sin más preámbulo -gritó al más puro estilo vodevil- “la prueba” que llevará a Duarte a la prisión perpetua. Una escolta de militares, los mismos que enarbolaron el lábaro patrio al principio del evento, le entregó, tras un corto desfile, un paquete amarillo lacrado. Y en un acto digno de un mago, rasgó el papel manila, metió la mano hasta el fondo y al tiempo de extraer “el objeto” gritó: ¡confirmado, Javier Duarte huyó el día de su licencia presa del pánico porque se sabía culpable!¡Tenía tanto miedo por sus faltas y por mi conocida tenacidad como justiciero que le dio diarrea! Y ante el pueblo asombrado, el nuevo prócer veracruzano sacó unos grandes calzones rojos de bolitas que, créanlo estimados lectores, estaban cagados.

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