Cuando un individuo es famoso, se ha hecho costumbre afirmar que es popular, sin reparar en la diferencia de significado entre ambas alocuciones, aunque en ocasiones es posiblemente correcto aplicarlas a un mismo caso, pero no siempre es así. Por ejemplo, militantes panistas de Pánuco fueron a protestar ante el Comité Ejecutivo Nacional de su partido, inconformes por la designación de Fernando Molina Hernández, como candidato a la presidencia municipal por ese partido; pero en el fondo la discordia radica en que el candidato es imposición del ex contralor duartista, Ricardo García Guzmán, quien en aquella región es famoso (la fama puede ser buena o mala), pero no popular, es decir, acomodado al gusto de la gente. No de otra manera es correctamente posible interpretar el rechazo que su actuación concita.