Durante su desbaratado mandato Javier Duarte de Ochoa expresó varias ocurrencias: “Modernizaré Veracruz”, “será mi gran legado”, cuando se refería a las “modernas” instalaciones deportivas remodeladas para los Juegos Centroamericanos y del Caribe, “Veracruz ya cambió” el slogan más repetido en su quinto informe, si lo decía con plena conciencia de su certidumbre es asunto para un siquiatra o de quienes lo conocieron en el mando. Pero sin duda, para los veracruzanos el fenómeno político que conocemos como Duarte de Ochoa ha sido una experiencia histórica de la que debemos aprender para que no se repita en nuestro suelo; la manera más práctica es extraer algo positivo de ese lamentable periodo veracruzano es tomar conciencia de la necesidad de depurar la clase política veracruzana engendrada por partidos políticos cuya única aspiración es el poder sin importar el beneficio colectivo. A los gobernantes hay que exigirles, exprimirlos, porque para eso se alquilaron, bueno, eso dicen cuando andan en campaña.