David Quitano Díaz
En la cultura de esta época, la gente cree que si eres político honrado estás loco. David Brooks

Hacia 2050, 80% de la población mundial vivirá en ciudades que hoy concentran a más de 650 millones de personas, por lo que es esencial diseñar ciudades sostenibles en términos ambientales e inclusivas de la toma de decisiones.
Sin embargo, la mayoría de las ciudades medias y grandes de México, no han presentado programas de largo plazo que puedan incidir en lo anteriormente plasmado. Acaso algunas llegan a tener como logro el establecimiento de condiciones básicas como el pago del salario de las administraciones públicas, o la organización mínima del primer cuadro de la ciudad.
Como respuesta esa paupérrima condición, contamos con un séquito de personajes, quienes aspiran a tomar las riendas de dichas responsabilidades, sin embargo, sus flacos perfiles y su expetis se orientan hacia la improvisación y la arrogancia, precisamente cuando la sociedad es cada vez más sensible e inerte.
El conjunto social, se encuentra sensitiva con respecto a emociones, debido a un calado profundo, generalmente por la conducta beligerante de quienes deben presentar propuestas. El debate de las ideas, es una aspiración.
Al respecto, que las emociones definan épocas y decidan elecciones no debería sorprendernos. El arte de entender y manejar las pasiones ha sido fundamental para el análisis social y político, desde Aristóteles hasta Francis Fukuyama y Judith Butler.
Las elecciones recientes (Trump y Brexit) han lanzado al escenario a personas con libre movilidad. Generando protestas contra el poder establecido y sobre los sistemas de elección y las estrategias de posicionamiento electoral.
Hay que mencionar que dicha característica ha generado graves consecuencias como el fortalecimiento del populismo radical, y éste ha venido a significar el debilitamiento de las instituciones democráticas liberales.
La pobreza, la desigualdad, son como el crimen y el castigo, presentándose a modo de grandes movilizadores de una sociedad sin rumbo. Dejando de lado la palabra “cambio” “transformación” o “avance” por la de “combate a la corrupción” misma que se vuelve la nueva promesa de los populistas.
Al respecto Adam Smith previó una economía política en la cual el mercado de los sentimientos llegaría a un punto de equilibrio de entre la apatía y el desenfreno. En su teoría, el mecanismo es aun más básico que el interés adquisitivo. Más que enriquecernos- según Smith- buscamos el placer de ser admirados y estimados por la sociedad gracias a nuestra riqueza.
Hoy, muestran los candidatos un reflejo del vaciamiento social en ese renglón, lo que significa una mutilación a las prospectivas de progreso y mejoramiento social.
De tal manera vivimos tiempos interesantes, pero que despiertan preocupaciones. El futuro dependerá en gran medida de quienes puedan movilizar las emociones, tanto la ira antisistémica como la apatía de los que se han retraído de la política, especialmente los jóvenes.
A quienes nos interesa la cosa pública, debemos apostar más a un mercado competitivo de ideas, que, a uno de desacreditaciones, porque este último no empuja, solo postra.
De tal manera, que, si no cambiamos de tendencia, continuaremos en un punto donde los colores de los partidos políticos son solo alegorías, ya que los individuos capaces y resueltos a todo, a fin robustecer las instituciones, continúan quedado relegados.
La idea de hacer todo lo posible para contribuir a tu país, y sentirte orgulloso de tu tierra, se sintetiza en otros contenedores, lejos de los insumos sociales requeridos actualmente para mejorar el hoy.
La idea de que el florecimiento de la República, sea el emolumento más grande para tus ojos, lo pensamos los románticos y los viejos. Por lo tanto, el discurso del conflicto, y totalizador de la reacción, más que la de la construcción, hoy es la vertiente por la cual se inyectan los narcóticos que sacian a una sociedad sedienta de puestas de teatro mediáticas.
Recordando:
Recomiendo leer en Foreign Affairs de enero de 2017, el artículo titulado: Qué hacer tras el ocaso de los partidos populares.