Ya sabemos el largo cuento de la división de poderes, también la cruda realidad en la que el Legislativo ha sido siervo fiel del Ejecutivo; de esto último sobre todo porque la legislatura pasada fue obsecuente hasta lo servil con todo lo ordenado por Duarte de Ochoa. Por este antecedente causa verdadera extrañeza la renuente actitud de la actual legislatura por aprobarle al gobernador su solicitud de reestructura de la deuda; aunque en realidad forma parte del contexto de una alternancia que entre otros efectos ocasionó la integración pluripartidista de la Legislatura, de modo que ninguna fracción tiene la mayoría asegurada y requiere de tejer fino en la negociación. Por lo demás, ya nos iremos acostumbrando a los iterativos diferendos.