Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez
31 de marzo de 2017

*3 atentados en cuatro meses
*Agresiones en la impunidad

BAJO EL argumento de que la pasada administración gastó 8 mil 500 millones de pesos para promover la imagen del ex mandatario prófugo, Javier Duarte de Ochoa, el Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares rompió con la prensa veracruzana a la que, veladamente, calificó de pútrida e inmunda, y en un encuentro empresarial con integrantes de la Coparmex mandó el mensaje contundente a los comunicadores: “en el presupuesto (Estatal) no hay un solo centavo para pagarles” pero, también, a los grupos delincuenciales que han entendido que al oriundo de Soledad de Doblado le importa un comino la suerte de los periodistas, y en ese tenor desató, nuevamente, el infierno contra el gremio que, en palabras del columnista Aurelio Contreras, “es tan caníbal que no conoce la solidaridad”. Nadie se explicó semejante exabrupto, ya que la reunión donde expresó lo anterior era del Consejo Patronal de la República Mexicana, algo que molestó, incluso, a dirigentes de esa organización a la que, también, describió como parte del saqueo duartista.

DE ENTONCES a la fecha han ocurrido tres atentados contra periodistas veracruzanos: Alan García Zúñiga, corresponsal de un diario porteño en Poza Rica, agredido a balazos por dos sicarios que viajaban en una camioneta. El comunicador recibió dos tiros que pusieron en riesgo su integridad, y de no ser por el exceso de testigos en el momento del atentado, tal vez habría perdido la vida. Lo curioso es que a la fecha ni la Fiscalía Estatal –tan eficiente para detener duartistas- o el propio Gobernador han emitido algún comunicado en torno a las investigaciones, lo que induce a suponer que la agresión ya fue archivada, y que la vida del comunicador seguirá en constante peligro. Se podría decir que ese caso, como muchos otros, seguirá impune.

NO HABÍA pasado mucho tiempo, cuando el columnista –experto en temas cañeros- Ricardo Monlui Cabrera fue asesinado en el municipio de Yanga a la vista de su esposa e hijo, tras convivir con ellos en un desayuno. Sujetos armados le dispararon a corta distancia dejándolo inerte sobre la banqueta. El periodista era originario de Córdoba (donde los demonios andan sueltos de un tiempo a la fecha), escribía la columna “Crisol” que publicaba en varios medios de comunicación. De aquel hecho han transcurrido 11 días y a la fecha ninguna autoridad ha expresado avances en la investigación que lleve a la detención de los responsables material e intelectual, ya que se supone que quien le cegó la vida habría sido contratado por alguien, pues ni su esposa o hijo lo reconocieron. El caso sigue inmerso en la impunidad, como si el gremio periodístico “no tuviera la menor importancia” –como decía el inolvidable Arturo de Córdoba- para el gobierno de Miguel Ángel Yunes.

EN LA zona, incluso, se apagaron las protestas por el asesinato, y en Xalapa, tan proclive a denunciar agresiones contra medios, pareciera que nada ocurrió, o que alguien dio la orden de parar cualquier manifestación al respecto. No hay mítines –como sigue ocurriendo en ocho Estados tras el asesinato de Miroslava Breach, el jueves 23 cuando se disponía a llevar a sus hijos a la escuela-, tampoco reclamos a la autoridad y el caso pareciera congelado. Cabe recordar que en diciembre de 2010, su hijo, Ricardo Monlui Ruiz fue atacado a balazos en el municipio de Ixtaczoquitlán, conurbado con Córdoba, y en su declaración denunció que fueron policías municipales quienes lo plagiaron, le dispararon y abandonaron en un camino comunitario.

AHORA, 10 días después de aquel atentado, el periodista Armando Arrieta Granados, jefe de redacción de La Opinión de Poza Rica fue atacado a balazos la madrugada del miércoles frente a su domicilio; hasta el momento de redactar este espacio, su estado de salud se reportaba como grave. A la fecha ni de la Secretaría de Seguridad Pública ni de la Fiscalía Estatal han dado un parte oficial. Armando Arrieta recibió por lo menos cuatro impactos de bala calibre 9 milímetros, y una de estas le atravesó un pulmón. Se trata de un comunicador con Maestría en Educación Superior por la Universidad Veracruzana, y desde el 2005 fue un duro crítico de las autoridades a las que exigió el esclarecimiento del asesinato de su jefe y dueño del mismo diario, Raúl Gibb Guerrero, ocurrido en abril de aquel año.

ES EL tercer ataque contra un periodista en lo que va de la administración del Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares que solo estará en el poder dos años, pero al paso acelerado que va la violencia contra comunicadores, no se duda que pudiera rebasar los 19 muertos que se perpetraron contra periodistas en el infausto sexenio –no concluido- de Javier Duarte de Ochoa. Pero aún se recuerdan las palabras de Yunes Linares frente a empresarios de la Coparmex al iniciar el mes en curso: “yo prefiero que el costo para los veracruzanos sea la imagen del Gobernador, y no un costo económico que afecte las finanzas públicas del gobierno. Respeto la libertad de expresión y entiendo perfectamente la labor crítica de los medios, pero de ninguna manera voy, como gobernador del Estado, a pervertir esta relación y a volver al pasado: a pagarle a los medios para que elogien al gobernador. Si el gobernador merece un elogio, si quieren hacerlo que lo hagan y si no, como gusten, pero no va a pagar el gobernador para que lo elogien”.

AQUÍ LO hemos dicho hasta la saciedad: los medios no son, ni tienen por qué serlo, empresas “altruistas” que deban ayudar a gobernar a quienes ejercen una función pública. Su tarea es informar y contribuir a la formación de opinión, y de ese modo coadyuvar al desarrollo democrático, le guste o no a quienes detentan el poder de manera temporal, y en ese sentido, la relación del gobierno con los medios de comunicación va más allá de un enfoque personalista sobre la imagen de un funcionario, así sea el Gobernador en turno. Se trata de una relación institucional en la que el gobierno debe, por ley, cumplir con su obligación de informar a la sociedad sobre las obras y acciones que realiza, y le guste o no, tiene que hacerlo a través de los medios, y para ello le aprueban un presupuesto anual, salvo que decida desviarlo para otros conceptos distintos como puede ser el apoyo de campañas electorales. Como fuera, por lo pronto la ruptura que dejó en la indefensión económica, política y jurídica a los medios, ya cobró sus primeras cuotas de sangre, y uno se pregunta: pero que necesidad. OPINA carjesus30@nullhotmail.com