Cuando se desempeñaba en altos puestos burocráticos, arropado por el poder, Mauricio Audirac pecaba de soberbio y prepotente, según quienes lo sufrieron en subordinación. Aún se le recuerda en el Orfis imprecando de fea manera a un abogado a quien culpaba de ofender a una secretaria; se las daba hasta de valiente con arma al cincho. Pero ahora tras las rejas no resiste la presión y se encuentra repartiendo culpas, como alertando “sólo no me voy”, así lo demostró en la audiencia de ayer en la que imputó culpas a Tarek Abdalá, quien de no ser por el fuero que lo protege ya estaría haciéndole compañía en Pacho Viejo. En resumen, de acuerdo al razonamiento jurídico de Audirac él resulta inocente, la culpa es de Abdalá y Carlos Aguirre, así de inocente es su defensa.