Enfermo, sin relevancia política, que no sea el valor cuantitativo de su voto, marginado de todo arreglo entre los grupos que integran la actual legislatura local, Gerardo Buganza ha solicitado licencia para separarse eventualmente de su función legislativa. Sin ánimo devaluatorio, el caso de Buganza es registrable por cuanto a que se trata de un actor político nacido como tal en la escuela panista desde donde se catapulteó a un escaño en el senado por la vía plurinominal y en ese enclave tuvo oportunidad de ser candidato panista al gobierno de Veracruz en 2004; del resultado de esa elección hay más consistentes dudas que la federal de 1988. La sorpresa de haber obtenido un cúmulo de votos aparejados a los del PRI provocó incertidumbre en las filas panistas y en ese interregno de santiamén la marrullería de Fidel Herrera se impuso. Después Buganza no volvió a ser el mismo, escuchó el canto de las sirenas y olvidó que debía pisar tierra.